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La revolución paceña

Lamentablemente,  la revolución del 16 de julio de 1809 sólo trajo al pueblo paceño sangre y dolor

La Razón / Ramiro Prudencio Lizón

00:25 / 03 de julio de 2013

En este mes se conmemorará un nuevo aniversario de la revolución del 16 de julio de 1809, que complementó la insurrección surgida el 25 de mayo del mismo año en La Plata, Chuquisaca, y que dio inicio a la emancipación de Hispanoamérica del dominio español.

¿Cómo se gestó la revolución paceña?  Es evidente que las noticias que trajeron los enviados de la ciudad de La Plata, el presbítero Mercado y don Mariano Michel, sobre el levantamiento del 25 de mayo en esa ciudad, fue el detonante para desencadenar el levantamiento paceño. Pero, La Paz era una villa siempre inquieta y ya había promovido un levantamiento contra las autoridades realistas, cuatro años antes, dirigido por don Pedro Domingo Murillo. Pero esa vez fracasó por no tener un buen apoyo popular.

A los comisionados Mercado y Michel se les cupo asimismo, con la colaboración decidida de don Pedro Domingo Murillo, promover diversas reuniones secretas; la última de las cuales se llevó a cabo la noche del 15 de julio en casa del propio Murillo. En ella se tomaron los acuerdos necesarios para asegurar el éxito de la rebelión; la cual se realizaría al día siguiente, fiesta tradicional de la Virgen del Carmen, muy venerada en esta región. Como de costumbre, la imagen de la Virgen fue sacada en procesión hacia el atardecer, desde la Iglesia de Santa Teresa. Iba precedida por comparsas de músicos y danzantes, quienes caminaban bajo una lluvia de flores y de papel picado, que muchachas lanzaban desde los balcones de sus residencias. Concluida la procesión, la tropa que la había acompañado tuvo, como de costumbre, algunas horas de esparcimiento en el centro de la ciudad, antes de retirarse a su cuartel.   

Precisamente, cuando la tropa se encontraba en plena diversión, los conjurados salieron de una tienda situada en la esquina de la Iglesia de la Merced, encabezados por Murillo, Graneros, Lanza, Medina y otros, y se dirigieron al cuartel donde sólo permanecía una compañía de veteranos ya ganada para la revolución. Sorprendieron al centinela y cogiendo las armas de la guardia, rindieron en breve a los pocos soldados que no se hallaban comprometidos con la revuelta. Luego dieron la señal de alarma tocando a rebato las campanas de la Catedral.

Sorprendidas las autoridades, trataron de sofocar el movimiento, pero pronto fue cogido prisionero el gobernador, don Tadeo Dávila, y encerrado en el cuartel, dando con ello fin a toda oposición al levantamiento paceño.  

Pocos días después se reunió un cabildo abierto a petición del pueblo, el cual determinó la destitución de las autoridades realistas y la declaratoria del Acta de la Independencia, en la que los revolucionarios “declaran y juran defender con su sangre y fortuna la independencia de la Patria”. Dicha acta fue fundamentada por un “plan de gobierno” de diez puntos, denominado Estatuto Constitucional. De acuerdo con ese “plan de gobierno”, se constituyó la Junta Tuitiva, que se podría considerar como el primer parlamento latinoamericano. Pero el presidente de la misma, don Pedro Domingo Murillo, mantuvo además la dirección del Poder Ejecutivo, el cual se apoyaba en el cabildo. 

Lamentablemente, la revolución del 16 de julio de 1809 sólo trajo al pueblo paceño sangre, dolor y lágrimas, pues tuvo que sufrir durante más de 15 años hasta alcanzar su libertad.

Sólo en enero de 1825, el guerrillero don José Miguel Lanza tomó La Paz, luego de que el ejército realista del general Olañeta la desocupó, al tener conocimiento de que las tropas del ejército libertador del Mariscal Sucre habían llegado a Puno. Como bien dijo el Libertador Simón Bolívar cuando llegó a estas tierras altas, “ya que los destinos han querido que sean los altoperuanos los últimos que en América han entrado en el dulce movimiento de la libertad, debe consolarse la gloria de haber sido los primeros que vieron, diez y siete años, el crepúsculo que dio principio al gran día de Ayacucho”.

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