Columnistas

De reyes y reinas

Como si fuera parte del azar, Jorge Luis Borges fue incluido en esta trama político/sentimental

La Razón (Edición Impresa) / Yuri F. Tórrez

01:37 / 05 de abril de 2016

Me niego rotundamente a sumarme a esa lectura simplista de ver el relato en torno al caso denominado Zapata-CAMC como si fuese parte de un melodrama típico de la televisión latinoamericana, ya que por este sendero, amén a los aditamentos morbosos que entraña, podemos conducirnos a una carnada. En este “juego”, la concatenación de sucesos y decisiones de los actores involucrados, en lugar de recorrer por los derroteros de asuntos mundanos de la morbosidad de la telenovela nos obligan a ver con otro prisma: la lógica del ajedrez. 

Como si fuera parte del azar, Jorge Luis Borges fue incluido en esta trama político/sentimental entre el Presidente boliviano y su expareja Gabriela Zapata, a raíz de una frase: “Ud. Siempre bella”, atribuida al ministro de la Presidencia, Juan Ramón Quintana, en una supuesta comunicación por Wathsap con la exgerente comercial de CAMC. Como diría el adagio, Borges debe estar revolcándose en su tumba. La frase que se le atribuye al escritor argentino quizás provenga del poema Romance de los vanos encuentros de Julio Cortázar: “¡Estás tan bella, vestida de/crujiente espuma blanca bajo ese sol de las ocho/que te ciñe y que te alaba!”. 

En el poema Ajedrez, Borges condensa la política, ya que en sus dos sonetos se refiere a las tácticas y estrategias de este “juego”. Establecida así la trama, en lo que viene, y siguiendo al autor de El Aleph, diríamos “En su grave rincón, los jugadores rigen las lentas piezas”. Por un lado, Evo Morales y su gobierno, y por el otro, Gabriela Zapata y sus abogados.  

No debemos olvidar que una máxima en el ajedrez es que se puede sacrificar cualquier pieza, menos al rey. De allí se entiende que incluso la reina puede ser condenada a la hoguera. Esta metáfora ajedrecista ilustra el afán de los ministros y otros allegados quienes, como “peones agresores” —diría Borges—, actúan para acorralar a la reina con el objetivo velado o explícito de proteger al rey (el “rey postrero”, dixit Borges). En todo caso, si se sacrifica a la reina al inicio de la partida, seguro que tendería un juego perfecto hasta el jaque mate; empero, se requiere de enrevesadas jugadas.

Por el otro lado, los abogados de la reina se desplazan en aquel tablero (como diría el escritor argentino), “sobre lo negro y blanca del camino buscan y libran su batalla armada”, como si fueran “torres homéricas” intentando proteger y amortiguar el acecho gubernamental, incluso intentando variar el juego con movimientos tácticos. “Hoy presentamos pruebas contundentes contra el ministro Quintana”, advirtió uno de ellos.

En este juego/desafío, sabiendo los márgenes de acción y los recursos de poder que posee, a pesar de su cautiverio la reina envió una carta a uno de los ministros, quien a diferencia de sus colegas no es cualquier peón, pues se codea en primera línea con el rey y tiene la osadía de disputarle. La carta a este peón-rey termina con una frase que se asemeja a un anuncio heráldico de jaque y convertido en hashtag: #AdiósmiRey.

Casi remedando a la entrañable Khaleesi del Juego de Tronos, Gabriela Zapata parece decir: “Haré lo que hacen las reinas, ¡gobernar!”. Al igual que Khaleesi confinada en la gran pirámide de Meereen y con escasos aliados para conquistar los Siete Reinos, a la expareja del Presidente se la arrima a un rincón temerario del tablero. En ambos casos, hay una enseñanza política que se puede graficar con un fragmento del poema de Borges: “También el jugador es prisionero (la sentencia es de Omar) de otro tablero de negras noches y de blancos días”. Miremos más allá del primero.

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