Columnistas

Los ricos, la clase media y los pobres

Debemos cambiar la atención de los ricos y la clase media y concentrarnos en los pobres olvidados

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:02 / 18 de enero de 2014

Es acaso la desigualdad de ingresos “el reto que define” nuestro tiempo? El discurso dado por el presidente Obama el 4 de diciembre de 2013 sobre este tema ha producido un intenso debate, con el apoyo de algunos y el argumento de otros (principalmente de Esdras Klein del Washington Post) acerca de que el desempleo debe ser el foco principal de las políticas públicas.

De hecho, Obama dijo en su discurso que es la combinación de “una falta de movilidad ascendente” junto con la desigualdad lo que constituye el gran reto de nuestros días. Esta me parece entonces la pregunta correcta: ¿cómo hacer para que la gente se mueva hacia arriba y así crear una clase media próspera? Si en el proceso los chicos de Google permanecen ricos, que así sea.

Cuando la gente habla de la desigualdad estos días, a menudo refieren a tres temas diferentes. En primer lugar, el asombroso aumento de los muy ricos. En segundo lugar, los salarios estancados y las perspectivas de debilitamiento de la clase media estadounidense. Y en tercer lugar, el gran número de personas en la parte inferior de la escalera.

Estos son fenómenos distintos. Hay un gran debate, y una buena nueva investigación, acerca de si estos fenómenos están relacionados, es decir si el aumento de los ricos ha ocasionado el estancamiento de la clase media y los pobres. La evidencia es mixta (para mayor información se puede consultar El impacto de la desigualdad en el crecimiento, de Jared Bernstein  (http://bit.ly/1cbpptA), y un nuevo informe del Centro de Presupuesto y Prioridades Políticas titulado Pulling Apart (http://bit.ly/18BkKWe).

Los supericos han crecido en todo el mundo, pero Estados Unidos está a la cabeza de la manada. Y el motivo parece ser causado por algunos factores estructurales: la globalización y la tecnología son una ayuda para los superestrellas; y los grandes y líquidos mercados financieros hacen que los ricos sean más ricos. Otros factores son políticos: menores tasas de impuestos y la influencia política del sector financiero. Estados Unidos tiene todos estos factores (la innovación tecnológica, el alcance mundial, enormes mercados de capitales); sin embargo, también tiene recortes de impuestos, la desregulación, una poderosa industria financiera; por lo tanto, no es tan sorprendente que tenga el mayor aumento en el número de supericos. El actual Journal of Economic Perspectives tiene un excelente conjunto de ensayos sobre este asunto, que vale la pena leer (http://bit.ly/1dpjxi7).

La reactivación de la clase media es claramente el desafío más importante, que involucra a la mayoría de personas. Pero es también el más difícil —comenzó hace 40 años— y ha sido difícil de encontrar una solución duradera. Hay fuertes indicios de que el aumento de la desigualdad está desplazando a la clase media. Pero también hay una historia poderosa que contar sobre cómo la tecnología, la globalización, y el decaimiento de la educación y habilidades estadounidenses han contribuido al estancamiento de los salarios para el trabajador de clase media.

Si se establecieran mayores impuestos para los ricos, ¿acaso eso podría crear una clase media más dinámica? Tal vez sí, pero no se sabe exactamente cómo lo haría. También vale la pena señalar que el régimen tributario estadounidense (basándose sobre todo en el impuesto a la renta de las personas) ya es más progresista que los sistemas europeos, que representan un porcentaje mucho mayor de sus ingresos de impuestos de ventas. El 10% de los asalariados estadounidenses paga alrededor del 70% de todos los impuestos federales sobre la renta. En la ciudad de Nueva York, el 1% paga casi el 45% de los impuestos sobre la renta de la ciudad.

Algunos sostienen que el vínculo real entre el aumento de los ricos y la caída de la clase media es un asunto político. Los ricos han capturado el sistema político y lo han utilizado en su beneficio. Y también es cierto que —a causa del gran papel del dinero en la política— los ricos (y bien organizados) a menudo pueden obtener exenciones fiscales específicas y flexibilidad reglamentaria para ayudarlos. Pero en términos generales, miremos lo que ha pasado en los últimos diez años en Estados Unidos. Medicare se amplió de manera espectacular, se promulgó la atención de salud casi universal, la política energética ha sido cambiada en contra de los deseos de las grandes compañías de petróleo y carbón, las tasas de impuestos a los ricos se han acercado a máximos de 30 años. Y fue Estados Unidos quien hace unos años implementó un programa de estímulo de casi 1.000 millones de dólares para luchar contra el desempleo. Europa, con su política más igualitaria, recortó el gasto social frente al peor periodo de desempleo desde la Gran Depresión. A primera vista esto no es una fuerte evidencia del poder político de los ricos estadounidenses.

De los tres problemas, el más fácil de solucionar es aquel en el que gastamos menos tiempo hablando: el destino de los pobres, que ahora ascienden a 46 millones en Estados Unidos. Dado que los pobres tienden a no votar, ni ejercer ningún tipo de presión, no han recibido mucha atención desde los esfuerzos de Lyndon Johnson en la década de 1960. El Gobierno estadounidense no dedica mucha energía o dinero en solucionar sus problemas, especialmente aquellos que los niños pobres sufren: desnutrición, mala salud y la mala educación, que paralizan sus posibilidades de escapar de la pobreza. Los recursos necesarios para cambiar esta situación sería una fracción de lo que gastamos en la clase media en este país.

No tenemos todas las respuestas, pero si queremos buscar la política que probablemente tendría el mayor efecto en el aumento de la movilidad social y la reducción de la desigualdad, debemos cambiar la atención de los ricos y la clase media y concentrarnos en los pobres tradicionalmente olvidados.

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