Columnistas

Nunca de rodillas

Varios dirigentes que se prorrogan en sus cargos han priorizado sus intereses a los del pueblo

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández Ríos

00:00 / 21 de junio de 2015

El Alto es una ciudad que en su desorden tiene un orden. Una muestra de ello fueron las movilizaciones de 2003, cuando los vecinos se organizaron para rechazar a las fuerzas militares que pretendían desbloquear las carreteras.

Esa lucha terminó con la renuncia del entonces presidente Gonzalo Sánchez de Lozada y el planteamiento de la Agenda de Octubre, que exigía la convocatoria a una Asamblea Constituyente para una nueva Constitución Política del Estado; la defensa de los recursos naturales, especialmente la nacionalización e industrialización de los hidrocarburos; y la extradición y juicio de responsabilidades contra el exmandatario, entre los principales puntos.

La medida de presión se caracterizó porque no tenía una sola cabeza, sino cientos y miles de cabezas de ciudadanos alteños que desde sus barrios se ordenaron para repeler a las fuerzas del orden y exigir que el gas sirva para beneficio de todos los bolivianos.

Después de 12 años de aquellas jornadas de lucha y reivindicación, personas que pretenden lograr algún cargo en las organizaciones sociales de El Alto hoy se han autonombrado como partícipes activos y líderes de las movilizaciones de 2003.

Además de los 69 muertos y cerca de cuatro centenas de heridos, en la segunda urbe más poblada del país están escondidas cientos de personas que aún sufren las consecuencias de la guerra del gas, y que en muchos casos fueron olvidadas por el Estado y por los movimientos sociales.

Varios dirigentes que se prorrogan en sus cargos han priorizado sus intereses a los del pueblo. No obstante, desde hace algunas semanas se están descubriendo irregularidades en el manejo de recursos económicos en el Gobierno Municipal y en algunos movimientos sociales y juntas vecinales, aunque falta que se castigue a los responsables.

Después de 12 de años de los hechos de octubre, muy poco ha cambiado en la ciudad alteña, con algunas obras que aún no funcionan de manera plena, con zonas abandonadas, con creciente inseguridad y con la corrupción aún enraizada en las instituciones. Ante este panorama de abandono, los vecinos alteños nuevamente demostraron que tienen conciencia, al buscar nuevas alternativas y rechazar a los dirigentes que se aprovechan de la ciudad.

Después de 12 años de la masacre de octubre es necesario dar más atención a El Alto y hacer caso a las miles de cabezas que tienen consciencia de que quieren desarrollo y mejores días.

Es periodista de La Razón.

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