Columnistas

El rolex del Che

La Razón (Edición Impresa) / Jaime Iturri Salmón

00:15 / 13 de octubre de 2017

Ernesto Guevara, inmortalizado como el Che, no tenía un reloj rolex cuando lo capturaron, sino tres. Dos de ellos eran de combatientes caídos a quienes el guerrillero había prometido entregárselos a sus hijos. Claro, eran otros tiempos y los relojes tenían un valor mucho más grande que ahora, cuando hasta prescindimos del adminículo, dado que vemos la hora en nuestros celulares.

En los años 60, en cambio, los relojes marcaban el tiempo, pero también eran un artículo de recuerdo, más que una joya, un objeto confiable y que señalaba una época. Guardado en el fondo de mi gaveta, por ejemplo, está el reloj que papá le regaló a mamá cuando nací y que ella me dio a los 15 años. Era a cuerda y lo usé mucho tiempo hasta que temí que algún uniformado se lo embolsillara si me tomaban preso.

Por supuesto, los guerrilleros debían llevar el mejor equipamiento posible, solo a un tarado se le puede ocurrir que se vaya a algo tan serio como el combate irregular con equipos de mala calidad.

Más allá de los relojes, la muerte del Che marcó un profundo cambio de tiempo. Carlos Soria Galvarro me contó cómo hasta la llegada del comandante a Bolivia y su posterior asesinato, en las universidades bolivianas, particularmente en la UMSA, quien dirigía a los estudiantes era la Falange, es decir, la ultraderecha. A partir de los 70, las direcciones estudiantiles fueron copadas por organizaciones de izquierda, algunas, como el viejo MIR, enarbolaron el rostro icónico del guerrillero con su melena al viento y su boina con la estrella roja de cinco puntas.

Han pasado 50 años de la caída de Guevara, y él está más vivo que nunca; no en sus métodos, pero sí en sus sueños. Sin hombres como él, no tendríamos la democracia en la que vivimos… Porque las libertades de las que gozamos las logramos en las calles. ¿La democracia es de todos? Por supuesto, pero tiene padres y madres, pueblo e izquierda, que pusieron el pecho y el hombro, y lograron las reformas más importantes desde que Ernesto Guevara partiera a las montañas.

Por eso, camino a Vallegrande mi hija Mishka me escribió un mensaje que decía: “Voy a cumplir nuestros sueños”. Y yo pensé que a ella yo le había entregado mi imaginario y metafórico reloj rolex. Y me puse a cantar: “Aquí se queda la clara, la innegable transparencia, de tu querida presencia, comandante Che Guevara”... porque a ese hombre, a ese hombre aprendimos a quererlo.

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