Columnistas

Una rosa y un libro

Elemento de capital importancia es la biblioteca (muéstrame tu biblioteca y te diré quién eres…)

La Razón / José Gramunt de moragas

00:28 / 25 de abril de 2012

Si bien no necesito explicar el significado del objeto llamado libro, si que me daré el gusto de escribir algunos aspectos personales, de mi relación con los libros. La oportunidad se ha dado con la celebración del Día Mundial del Libro. “Una rosa y un libro” es el regalo que suele hacerse en esa fecha, en algunas partes del mundo ilustrado. Por cierto, acabo de enterarme que para llamarse libro debe tener desde 49 páginas en adelante. Si tiene desde cinco a 48, será tan sólo un modesto folleto. La definición es de la Unesco.

Como cualquier persona que ha pasado del analfabetismo a una determinada, aunque modesta, ilustración, el libro materializó nuestros primeros conocimientos. A partir de esa iniciación, la “filosofía” del libro se empieza a entender. Es obvio que el libro más importante en mi vida y en las de muchos millones de personas es el que conocemos como Biblia, que contiene las distintas maneras que Dios fue comunicando su mensaje de salvación. Por cierto que la Biblia está traducida a 2.303 idiomas. Por lo demás, el principal valor de un libro parecería ser su contenido. En esta valoración caben infinidad de géneros sobre el pensamiento, la actividad humana y del complejo cosmos en el que vivimos, desde la filosofía o la religión, a la política a la economía, al arte o la ciencia, al deporte, la nigromancia o la repostería, y así ad infinitum. Los escritores objetarán que el autor es el que más importa, pues no es lo mismo un Don Miguel de Cervantes Saavedra que un Perico de los Palotes cualquiera. Sí, el autor es un valor muy importante del libro.

Pero veamos brevemente otros aspectos. Un antiguo incunable encuadernado en pergamino o en delicada vitela es un documento histórico. Una “edición príncipe” en papel Japón, encuadernado a mano con fino “marroquín” repujado con delicados dibujos y colores, es por sí solo un placer con sólo acariciarlo. La tipografía tiene importancia para facilitar y deleitarse en la lectura. Las ilustraciones, algunas de ellas firmadas por famosos dibujantes y pintores, revalorizan el libro.

Otras veces, el valor del libro está en su rareza y en su antigüedad, aspectos que conocen muy bien los libreros, los bibliófilos, los bibliotecarios. Elemento de capital importancia es la biblioteca (Muéstrame tu biblioteca y te diré quién eres…). En el siglo III a.C. ya existía en Alejandría un archivo de muchos miles de manuscritos. Es conocida la leyenda de que el Califa Omar dispuso que “si esos papeles contienen algo que ya está escrito en el Corán, no vale la pena conservarlos: hay que quemarlos. Y si en ellos se ha escrito contra el Corán, son malos y también  hay que echarlos al fuego”.

Los príncipes ilustrados enriquecieron sus palacios con grandes salas lujosamente amuebladas para acoger las hileras de libros que lucían sus lomos artísticamente diseñados. Los bibliotecarios introdujeron diversas técnicas de clasificación para facilitar la utilización de los volúmenes alineados en las estanterías.

Hoy día, cuando la tecnología crea toda clase de artilugios destinados a la comunicación, tanto interpersonal cuanto masiva, algunos creen que el libro, tal como lo hemos conocido hasta ahora, será suplantado por otro tipo de reproducciones electrónicas que yo no podría ni siquiera nombrar, por mi desconocimiento. No lo creo. Todavía tendremos que prevenir aquello de que “libro prestado, libro perdido”.

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