Columnistas

Un rostro intolerante del Carnaval

La ANP exhortó, con ambigüedad y tibieza, al diálogo ante las posiciones encontradas

La Razón (Edición Impresa) / Tribuna - Mario Espinoza Osorio

04:11 / 19 de marzo de 2014

Según la situación circunstancial de los seres humanos, solemos asumir poses que nos muestran escandalizados ante palabras o imágenes, que derivan de la necesidad de censurar y asumir la representación de la conciencia colectiva con el fácil expediente de que “se agravia a todo un pueblo”, cuando en realidad lo que tenemos es el espíritu oportunista y la coincidencia con  la vieja tradición puritana dirigida contra las “brujas”, el burlesque, las mujeres de moral distraída, los poetas malditos como Edgar Allan Poe y ahora la libertad de expresión.

El deseo de reprimir está latente en nuestros corazones y lo que cambia es la posición política del inquisidor de  turno, que adopta fácilmente la postura de tonto grave tomando a pecho todo comentario que en su mente pequeña y diminuta le cause aflicción y que considere atentatorio contra su libertad, sus creencias y, cómo no, la de “su” pueblo al que, por supuesto, dice representar.

Nada de esto es nuevo y mucho sigue siendo hipócrita y falso. Ahí está el diputado de Convergencia Nacional (CN)  Franz Choque, que cuestionó el editorial gráfico publicado en el diario La Razón del 6 de marzo, el cual, según la agudeza visual del parlamentario, hace una referencia burlesca a las víctimas del desplome de una pasarela durante la entrada del Carnaval de Oruro. No es todo. Califica  de acto “insensible, porque perturba a los dolientes de los fallecidos”, además de ofender al departamento y a su Carnaval reconocido internacionalmente.

No fue el único esclarecido. Algunos cooperativistas mineros del departamento de Oruro cumplieron  su amenaza de impedir la venta de la edición del periódico paceño La Razón, como una forma de expresar su protesta por la publicación de esa  caricatura, que consideraron ofensiva.

¿Hay más? Sí. La Asociación Nacional de la Prensa exhortó, con ambigüedad y  tibieza, al diálogo para eliminar las posiciones encontradas porque, caramba, se corre el riesgo de lastimar la sensibilidad de un pueblo y afectar a la libertad de opinión reconocida en la Constitución Política del Estado.

Los medios nos equivocamos muy a menudo. No creo que éste sea el caso, porque en el dibujo no hay nada que se asemeje al discurso del odio ni fomento al racismo. Es posible que alguien —los dolientes, por ejemplo— sienta que la caricatura pasó algún límite. Un límite que no se midió a la hora de seguir bailando por “la inversión que se había hecho”, argumento más que suficiente para seguir adelante.

Tras los episodios y lecturas, me ha quedado el sabor de que —en esta época, aparentemente más esclarecida que la del oscurantismo— existe mucho de ignorancia, mala fe, mojigatería, censura, oportunismo político y, cuándo no, de cobardía, cuando no se defiende lo que tiene que defenderse.

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