Columnistas

Es sabio escuchar

Escuchar al otro nos hace más fuertes, porque no nos deja solos; al contrario, nos convierte en multitud

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

01:40 / 03 de septiembre de 2015

Saber escuchar es una de las habilidades que menos se desarrolla en esta sociedad demasiado angustiada en vencer el tiempo que marca el reloj, vencida por su necesidad de éxito instantáneo, y manejo momentáneo del poder por parte de quienes lo tienen hoy y no quieren perderlo mañana. Prestar atención solo a las voces que hablan de la misma manera que no-sotros, en el mismo lenguaje y bajo las mismas consignas, es igual que la sordera. Los resultados pueden ser desastrosos, porque hay voces diferentes que se abocarán a crecer mientras nos resistimos a escucharlas, y para cuando destapemos nuestros oídos, será muy tarde, porque las voces que en principio eran claras y coherentes terminarán por convertirse en un ruido ensordecedor que no podremos acallar.

Escuchar es un arte, pero sobre todo es un signo de inteligencia, que puede evitar caer en errores que los otros ven y que por diversas razones hemos dejado de advertir. Escuchar al otro no nos disminuye, nos agiganta. No nos debilita, nos hace más fuertes, porque no nos deja solos; todo lo contrario, nos convierte en multitud.

Hace muchos años, un amigo que ya no está entre nosotros y a quien le reconozco su sabiduría, el hermano José Canut, director de radio San Gabriel, me enseñó que prestar atención a quienes solo te alaban es lo peor que puedes hacer, porque se convierte en una tranca que no te permite crecer. Por el contrario, quien te hace ver tus errores y te muestra tus defectos tiene la virtud de corregirte, y se convierte en la locomotora que te permite avanzar. Es cómodo pensar que todo lo que uno hace está bien, que eres perfecto, querido, admirado; de esa manera además aligeras la tarea de quienes te ofrecen alabanzas mientras se ocupan de hacer tambalear el asiento en el que te han acomodado y desde donde expectantes esperan tu caída.

El poder del convencimiento tiene que ver con ser un buen comunicador, pero su mejor herramienta es saber escuchar a los otros. Podemos ser muy elocuentes al momento de hablar, pero si no nos adiestramos en la escucha, corremos el riesgo de comunicar algo que no interesa al conjunto de la sociedad, que en definitiva es a la que realmente hay que convencer. En ese caso nos convertiremos en inútiles, desechables y fastidiosos parlantes.

Claro que saber escuchar implica un grado de tolerancia que muchos no están dispuestos a cumplir, porque eso puede traer como consecuencia reconocer errores, derrotas, malas prácticas. Aunque visto de otro modo, con la humildad de un sabio, puede significar valorización del otro, honestidad, cumplimiento de las promesas, capacidad para afrontar la adversidad y, lo más importante, la inmensa posibilidad de reinventarse.

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