Columnistas

La sagrada libertad de expresión

La libre expresión de-be ser integral, de lo contrario, los que es-tán en el poder estarán tentados a vulnerarla

La Razón / Carlos Antonio Carrasco

00:01 / 29 de septiembre de 2012

La aparición de un video artesanal, ridiculizando al profeta Mahoma, provocó (como se sabe) estridentes manifestaciones de protesta en una veintena de países musulmanes, con el saldo trágico de varios muertos y heridos, que incluye la baja fatal del embajador americano en Libia.

El deterioro de las relaciones del mundo islamista con Washington se agrava en momentos cruciales de la campaña electoral, en la que se reprocha al presidente-candidato Barack Hussein Obama una cierta ingenuidad, cuando ofreció generosamente una rama de olivo a los radicales enemigos del Imperio. Aunque también es cierto que la ejecución de Osama bin Laden es mostrada ostensiblemente como un trofeo de guerra, en el debate comicial. Quizá por ello, el grito de protesta sea: ¡Oye Obama, todos somos Osama!Plausiblemente, si bien en los comunicados oficiales el gobierno demócrata repudia el desdichado video, ajeno a su inspiración, tampoco reniega de la enmienda constitucional que registra la libertad de expresión, como una premisa fundacional, no negociable, de los Estados Unidos.

Días más tarde, en París, el periódico satírico Charlie Hebdo dedicó varias páginas, plagadas de caricaturas ofensivas, al controvertido profeta, como signo de la independencia de pensamiento y desplante deliberado de provocación al poder central, obligándolo a tomar partido por la preservación de los valores republicanos, tales como la sacrosanta libertad de expresión, frente a la intolerancia de grupos fanáticos.

La reacción contra esa revista no se dejó esperar y las embajadas, consulados, centros culturales y entidades francófilas tuvieron que acudir a una protección extraordinaria en los estados de Oriente Medio y el norte de África. Francia, que alberga una importante minoría musulmana, en este tema actúa con extremada prudencia, particularmente en momentos en que la agenda de cohesión social contiene puntos de delicada sensibilidad.

A ello debe añadirse el surgimiento de comandos rebeldes adheridos a los mecanismos de Al Qaeda que en países como Mali, y otros emergentes en las antiguas colonias francesas, controlan militarmente vastas regiones, donde mantienen secuestrados a ciudadanos europeos, como rehenes, para impedir que París utilice su poder militar en apoyo a regímenes dominantes.

En ese escabroso escenario resurgen algunas víctimas conocidas de las modernas inquisiciones como el autor de los Versos satánicos, Salman Rushdie, cuya sentencia de muerte o fatwa se ha elevado a 3,5 millones de dólares para quien lo ejecute. También se evoca al fundador de WikiLeaks, el famoso hacker Julian Assange, hoy asilado en la embajada ecuatoriana en Londres.

Esos recuerdos coinciden con las fotos aparecidas en el semanario parisino Closer de la consorte del Príncipe Andrew, exhibiendo sus desnudos senos. Gran escándalo por aquella primicia que no hubiera sido criticada si la gráfica hubiese retratado el pectoral de la madre Teresa de Calcuta o el busto de Ángela Merkel.

No se excluye entre esos casos a  países donde la libertad de prensa está recortada, por delitos tan etéreos como la blasfemia en las teocracias o el desacato en algunas autocracias sudamericanas. En conclusión, la libre expresión, para ser tal, debe ser integral, de lo contrario, quienes detentan el poder estarán siempre tentados  de vulnerar ese derecho inalienable.

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