Columnistas

La salud en Bolivia

La medicina boliviana, tanto pública como privada, es casi meramente asistencial.

La Razón (Edición Impresa) / Alfonso Bilbao Liseca

00:07 / 16 de enero de 2018

Por las propias declaraciones de algunos connotados dirigentes de la oposición al actual Gobierno y personas claramente contrarias al actual proceso de cambio que vive el país, ha quedado patente que el llamado “conflicto médico” no es más que una escaramuza entre adversarios políticos.

Comencemos por recordar que medicina y salud no son sinónimos. La salud de la población es el resultado de las políticas que se aplican al sector sin ser siquiera de exclusividad de un solo ministerio u organismo estatal. Son propuestas enmarcadas en la adecuación y el desarrollo de los servicios sociales que afectan al ámbito de la salud y que implican la transformación de los medios, del hábitat e incluso de las costumbres de una determinada población. Contribuyen de manera notable a la buena salud general, allí donde la gente desarrolla su vida, factores como la extensión y calidad de los servicios de agua potable, alcantarillado, sistemas de eliminación de excretas, gestión de la basura, control de la manipulación de alimentos, control de plagas y otros. Pero también contribuyen a la salud general los programas de prevención, particularmente dirigidos a grupos de población vulnerables como los niños; la educación para la salud, dirigida a gestantes y otros; o la promoción de hábitos saludables: campañas y normas contra el tabaco o el alcohol.

La medicina, cuyas actividades se desarrollan en hospitales, clínicas, consultorios y otros, es solo una parte del sistema de salud de un país que, desarrollada por profesionales sanitarios, consiste en una práctica regulada, basada en un conocimiento permanentemente actualizado sobre las causas y los efectos de la pérdida de la salud y de los procedimientos y tentativas de restitución de la misma. Tiene como fines: i) prevenir las enfermedades y daños en el organismo de las personas y promover la conservación de la salud; ii) aliviar el dolor y el sufrimiento causado por males; iii) atender y curar a los enfermos y cuidar a los incurables y; iv) evitar las muertes prematuras y procurar una muerte digna y tranquila.

En el primer fin de la medicina (la prevención de enfermedades y la promoción de la salud), está el nexo que une la medicina propiamente dicha con las políticas de salud desarrolladas por el Estado, y que son un resorte y responsabilidad del mismo. Por alguna causa, en Bolivia este importante nexo no existe. La medicina boliviana, tanto pública como privada, es casi meramente asistencial. Es decir, está dedicada sobre todo al desarrollo de procedimientos como diagnósticos y tratamientos que favorecen —aunque no siempre— a personas concretas, pero cuya incidencia en la salud general de la población es escasa. No es descabellado pensar que este fenómeno tan negativo se deba al tipo de formación que reciben nuestros profesionales, quienes al estar preparados (aquellos que lo están) esencialmente en aspectos técnicos de la profesión, no se sienten obligados a la corresponsabilidad que les atañe con relación a la salud pública.

El Presidente acaba de anunciar un “gran encuentro” de cara a cambiar la salud en Bolivia. Es un loable propósito de dimensiones y alcances enormes. La educación y la salud son el fundamento del desarrollo de una sociedad; y por ello, aparte de que se trata de sistemas hipercomplejos cuya gestión es extremadamente difícil, se les debe asignar una prioridad absoluta.

Es posible que uno de los factores negativos que afectan a nuestra medicina y nuestros médicos hunda sus raíces en el sistema educativo básico hasta el bachillerato. Es poco probable que se pueda mejorar el nivel de competencia y el compromiso social de nuestros profesionales médicos, como tampoco el de otras profesiones, si paralelamente no se mejora el sistema educativo previo al acceso a los centros superiores de estudio y universidades. La tarea es ingente y, sin importar quién la lleve a cabo, la ciudadanía debería mantenerse al lado de este esfuerzo en pro de una sociedad mejor y del bienestar de todos.

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