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Las sanciones no materializan los objetivos

La Razón (Edición Impresa)

00:00 / 17 de noviembre de 2018

Las sanciones de EEUU contra la República Islámica de Irán entraron en vigor desde el 5 de noviembre. Las autoridades norteamericanas abogan por mermar la producción petrolera de Irán hasta bajarla a cero. La pregunta principal es, ¿al aplicar los embargos contra Irán, será que Estados Unidos logrará materializar sus objetivos? Trump y su Secretario de Estado pretenden cambiar las políticas de Irán en la región y poner fin a su supuesto apoyo al terrorismo, al desarrollo de un plan para fabricar misiles, y a la violación de los derechos humanos, mediante severas medidas punitivas.

La primera consideración respecto a las sanciones se trata de objetivos infundados y falsos de EEUU, que han sido esbozados en su mayor parte bajo intenciones políticas. La actitud de Irán en Oriente Medio se ha basado en la supresión de grupos terroristas como el Estado Islámico y Al-Qaeda, entre otros, con la autorización oficial de los Estados en la región; los mismos grupos que en las propias palabras de las autoridades norteamericanas fueron creados con el auspicio financiero de los servicios de inteligencia estadounidenses para desestabilizar la región.

El plan balístico de Irán surge impulsado por los crímenes y las matanzas desatadas en los 80 por Sadam Hussein contra la población civil iraní durante ocho años de guerra impuesta; ante las amenazas producto de la instalación de bases militares norteamericanas en la región; y ante la conminación de los militares del régimen de Israel. En este contexto, se trata de un plan preventivo, defensivo y está destinado a preservar o promover la paz y la seguridad nacional.

La preocupación de Estados Unidos en la potencia defensiva de Irán ocurre pese a que Arabia Saudita gasta al año 70.000 millones de dólares en la compra de armas, lo que lo ha convertido en el principal comprador de productos de la industria armamentística estadounidense, y en el tercer importador de armamentos en el planeta; y pese a que Israel, el único país de Oriente Medio que posee armas nucleares, destina $us 22.000 millones de dólares al año para fondos militares.

Cuando analizan temas relacionados a los derechos humanos, EEUU y otros países occidentales aplican un doble rasero. No es ningún secreto que los índices de derechos humanos en Irán son más elevados y confiables en comparación con países del Asia Occidental aliados de EEUU, los cuales gozan del respaldo político de Washington. Por otra parte, la eliminación física de los opositores políticos por los gobiernos aliados de Washington en la región y la indiferencia de la Administración estadounidense frente a estos crímenes terroríficos es otra arista del doble rasero del país norteamericano. Por lo tanto, EEUU, con sumo descaro, instrumentaliza el tema de la promoción de los derechos humanos en el mundo como pretexto para aplicar sus sanciones injustas.

Así se comprende mejor que las sanciones de EEUU contra Irán no contribuyen a alcanzar los objetivos del país norteamericano. Primero, la comunidad internacional de varias formas ha demostrado su objeción a las medidas unilaterales, las cuales no han sido aprobadas por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Asimismo, en un histórico fallo, la Corte Internacional de Justicia (CIJ) dictaminó el 3 de octubre 2018 que Washington debe suspender las sanciones impuestas a Irán relacionadas con bienes humanitarios, medicamentos y aviación civil; a tiempo de advertir que las medidas antiiraníes de Estados Unidos pueden acarrear consecuencias “irreparables”.

A su vez, el Relator Especial del Consejo de Derechos Humanos ha indicado en varios informes que las sanciones unilaterales de Estados Unidos  contra Irán vulneran los derechos humanos del pueblo iraní. Estas medidas unilaterales son una infracción evidente y clara a la Resolución 2231 del Consejo de Seguridad, la cual exige el levantamiento de los embargos contra Irán.

La resolución condenatoria contra el embargo estadounidense hacia Cuba aprobada el 1 de noviembre en la Asamblea General, con 189 votos a favor y solo dos en contra (EEUU e Israel), ha sido la última y más sonada condena de la comunidad internacional contra las sanciones unilaterales de Estados Unidos; ciertamente, un bochornoso escándalo histórico para Washington en la palestra internacional.

En otro plano, las medidas punitivas de EEUU generan serios obstáculos para la materialización de sus propios objetivos. Por ejemplo, el drástico incremento del precio del petróleo, que en las últimas semanas alcanzó los $us 85 el barril, con el consecuente aumento del precio de gasolina en algunos países ha evidenciado que la eliminación del crudo iraní del mercado mundial es imposible. Este dato ha sido confirmado incluso por la Agencia Internacional de Energía. En este sentido, en la práctica las sanciones contribuyen a desestabilizar el mercado de energía e impulsan el incremento de los precios internacionales del petróleo.

El aislamiento creciente de EEUU en el ámbito internacional deviene por su ataque al multilateralismo, con sus múltiples salidas y tratados internacionales, incluido el Acuerdo nuclear entre Irán y las potencias mundiales (PAIC). El resultado de las asambleas generales de la ONU, y particularmente la reunión del Consejo de Seguridad celebrada el 26 de septiembre encabezada por Trump, cuyo objetivo era el aislamiento de Irán, es una demostración de la creciente marginación de EEUU, incluso respecto a sus aliados europeos más cercanos.

Asimismo, el uso excesivo de sanciones unilaterales ha tenido costos políticos y económicos para Estados Unidos e incluso para sus aliados. Desde la implementación de las sanciones contra Irán, numerosas empresas europeas y norteamericanas han perdido parte de su rentabilidad a causa de estas restricciones. Desde el punto de vista político, ha impulsado a la Unión Europea a comenzar a actualizar sus normas para contrarrestar la nueva tanda del cerco injusto, y poder crear mecanismos independientes financieros que permitan continuar el comercio con Irán. Así, un análisis de costo beneficio de las sanciones desdibujado a esta nociva herramienta.

Uno de los argumentos de los opositores a las sanciones contra Irán se basa en que estas medidas unilaterales debilitan el peso del dólar americano en el mundo, e incluso pueden eliminar su uso en los intercambios financieros entre Irán y los demás países. Además, en el largo plazo puede volverse en un patrón para los demás países que también sufren sanciones estadounidenses como Rusia. Cabe recalcar que esta situación desafortunada para EEUU se recrudecerá cuando sus aliados dejen de acompañarlo en la implementación de las sanciones, o incluso intenten ayudar a Irán a superar las sanciones. En la actualidad varias potencias económicas como Rusia, Turquía, China, Irán y la Unión Europea se esfuerzan por suprimir el dólar americano de su sistema financiero, a fin de efectuar intercambios comerciales con sus propias divisas.

Ha llegado el momento de que la comunidad internacional, mediante consensos y alianzas internacionales, neutralice las políticas radicales y medidas unilaterales con las que Washington ha puesto en peligro la estabilidad, la paz y la seguridad mundial.

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