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¿Será un segundo despertar suní?

La estrategia que podría funcionar contra el Estado Islámico no es más que un segundo despertar suní

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

02:37 / 04 de octubre de 2014

Cuáles son las fortalezas del Estado Islámico? Planteé esta cuestión a dos observadores absolutamente informados: un diplomático europeo y un exfuncionario del Ministerio de Relaciones estadounidense. A pesar de que el panorama que describieron es preocupante, aún hay esperanzas. La derrota del grupo implicaría un esfuerzo importante y constante por parte de la administración Obama. También podría llevarse a cabo sin la necesidad de muchas tropas terrestres norteamericanas.

El diplomático europeo, quien reside en Oriente Medio, viaja dentro y fuera de Siria, y tiene acceso al régimen y fuerzas opositoras, está de acuerdo con el consenso de que el Estado Islámico ha ganado una considerable fortaleza económica y militar en los meses recientes. Estima que obtiene un millón de dólares diarios en Siria e Irak (en cada uno) al vender petróleo y gas (sin embargo, expertos estadounidenses creen que este número es demasiado alto para Irak).

La estrategia militar del Estado Islámico es cruel e inteligente a la vez. Los informes anuales del grupo, que se emiten desde 2012, detallan sus métodos militares y triunfos para impresionar a sus financiadores y partidarios. Los videos de las ejecuciones subidos en las redes sociales no solamente son crueles, sino también estratégicos. Están diseñados para sembrar el terror en la mente de los opositores, quienes una vez que se enfrentan al Estado Islámico en el campo de batalla, según se dice, están ahora huyendo en vez de pelear.

Pero este diplomático cree que el aspecto más peligroso del Estado Islámico es su llamamiento ideológico. Ha reclutado a jóvenes sunitas marginados y desamparados en Siria e Irak que piensan que están siendo gobernados por regímenes apóstatas. Este recurso de apelar al orgullo sunita ha funcionado en gran parte debido a las políticas sectarias en los gobiernos de Bagdad y Damasco. A su vez, el triunfo del Estado Islámico también se debe a la enorme caída de las instituciones y grupos a lo largo de  Oriente Medio, de los moderados, laicos e incluso islamistas, tales como la Hermandad Musulmana.

¿Cómo se podrá hacer frente a este reto? El estadounidense, que antes era un alto funcionario del Gobierno, aconseja no ser pesimista. “El Estado Islámico no es tan fuerte como lo era Al Qaeda en su auge” asegura, restando importancia a los informes recientes que dicen que las fuerzas militares poseen elementos temibles del ejército disuelto de Saddam Hussein. “Peleamos contra ese ejército. No fue demasiado impresionante”, afirma. Él piensa que el Estado Islámico podría ser derrotado, pero que esto requerirá una estrategia global y sostenida, parecida a la que subyacía en el levantamiento en Irak.

“La primera tarea es política”, dijo, apoyando los esfuerzos del Gobierno estadounidense de presionar al Gobierno iraquí a ser más inclusivo. “Hoy en día tenemos más influencia que nunca y la administración de Obama está sacando provecho”. Si esto sigue así, el próximo paso será crear la fuerza terrestre más poderosa y efectiva que pueda desarmar al Estado Islámico, la cual no es el Ejército Libre sirio, sino un ejército iraquí reconstituido. Creado, entrenado y equipado por Estados Unidos, “en realidad posee unidades muy efectivas. Las fuerzas especiales iraquíes fueron entrenadas en Jordania y son verdaderamente impresionantes”, sostuvo, señalando que esas fuerzas recientemente reconquistaron el dique de Mosul. Debido a que en los últimos tres años el primer ministro iraquí de entonces, Nouri al-Maliki, lo transformó en una fuerza sectaria y unionista, no ha tenido un buen comportamiento.

La reconstitución de las unidades del ejército iraquí requerirá expulsar a los comandantes chiitas designados por Maliki. Nuevamente, esto recuerda al levantamiento durante el cual el 70% de los comandantes del batallón de Irak fueron reemplazados para crear una fuerza de combate más inclusiva y efectiva.

El ex alto funcionario norteamericano señaló que una vez que el ejército iraquí sea efectivo y esté combatiendo, debería utilizar la estrategia utilizada en el levantamiento de las “manchas de aceite”, esto significa limpiar y sostener territorios. Pero la clave aquí sería ganar la confianza de los habitantes sunitas. El mismo enfoque podría utilizarse en Siria con el Ejército Libre sirio que utiliza dinero y seguridad para ganarse a los habitantes que se oponen a Al Assad, pero ahora se alían con el Estado Islámico por temor en lugar de convicción.

Ambos observadores concuerdan en un peligro central. La tentación de obtener victorias militares inmediatas sobre el Estado Islámico podría implicar que Estados Unidos termine asociándose tácitamente con el régimen de Al Assad en Siria. Esto conllevaría a un logro militar a corto plazo y a un desastre político a largo plazo. “Alimentaría la idea de que los sunitas están en orden de batalla, que una alianza cristiana-chiita los persigue, y que todos los sunitas deben resistir esta extraña invasión”, dijo el diplomático europeo. “La clave es que los sunitas deben liderar la lucha contra el Estado Islámico. Deben estar en el frente del campo de batalla.

La estrategia que podría funcionar contra el Estado Islámico no es más que un segundo despertar suní. A pesar de que es un gran desafío, parece ser la única opción con un triunfo plausible.

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