Columnistas

La selección en manos de dos Césares

Farías ha protagonizado varias peleas y discusiones a lo largo de su carrera profesional.

La Razón (Edición Impresa) / Esteban Ticona

00:36 / 07 de septiembre de 2019

El que me cae bien ya es mi amigo”, tal parece ser la receta que aplicó César Salinas, otrora presidente del club The Strongest y hoy presidente de la Federación Boliviana de Futbol (FBF), para nombrar a César Farías, exentrenador del equipo atigrado, como director técnico de la selección boliviana de fútbol.

A pesar de los antecedentes de torpeza y brutalidad que pesan sobre Farías, el otro César sigue creyendo en él. ¿Por qué este encubrimiento sin límites? ¿Qué hay de por medio entre Salinas y Farías? Una posible explicación es que ambos son empresarios, César, del transporte pesado y el otro, capitalista deportivo (dicen que es dueño del equipo Zulia de Venezuela). Entonces, ¿es un pacto de empresarios? ¿En que se favorecerán?

César Farías ha protagonizado varias peleas y discusiones a lo largo de su carrera profesional; tanto en la selección de Venezuela, como en el Tijuana de México y en el fútbol boliviano. Por ejemplo, el 11 de julio del 2011 se vio involucrado en una discusión cuando dirigía al combinado venezolano, incitando a una mayor violencia. Ese mismo año, en la Copa América, en un partido con Brasil discutió con Neymar. El futbolista brasileño le respondió, pero sus compañeros lo frenaron, evitando una pelea mayor. En México, el 11 de abril de 2014, Farías protagonizó una pelea campal frente a jugadores del Cruz Azul. El 16 de agosto de ese año, discutió con el entrenador de los Jaguares de Chiapas, Sergio Bueno, y fue suspendido por tres partidos.

Cuando Farías era técnico interino de la selección boliviana, un hincha de Bolívar lo denunció en Warnes por haberlo agredido el 29 de septiembre de 2016, cuando la delegación de The Strongest llegó al aeropuerto de Viru Viru. Cuando se le preguntó por este hecho, Farías no quiso responder, alegando: “no hablo sobre supuestos”.

Días después, tras su arribo con el combinado nacional luego de disputar dos amistosos ante Birmania (0-3) e Irán (2-1), los periodistas le preguntaron nuevamente sobre esta agresión. “Usted me habla de supuestos. ¿Tengo que responder a un supuesto?”, fue su respuesta. Los periodistas insistieron: “¿Esta denuncia es falsa?”. Y el señor Farías se mantuvo firme en su respuesta: “No hablo de supuestos”.

Pero hace pocos días, el ahora director técnico de la selección nacional pidió disculpas por los incidentes que protagonizó en el pasado, que al final resultaron no ser “supuestos”, afirmando: “En algunas ocasiones, defendiendo equipos a los que he pertenecido y a las personas con las que he trabajado, se me ha pasado la mano y he actuado de forma inadecuada, cosa que lamento profundamente y me disculpo con el pueblo boliviano”.

Si el señor Farías hubiese asumido sus errores en su momento, posiblemente los aficionados hubieran tenido consideración. Pero ahora, ¿será que alguien le “compra” su supuesto arrepentimiento? ¿Acaso la selección es un lugar para rehabilitar a personas violentas e impulsivas internalizadas? El combinado nacional no puede ser un lugar de rehabilitación de un director técnico que lo único que ha demostrado es ser un buen “piñador de la calle”. Ojalá que nuestra selección no sea el hazmerreír mundial, porque tiene a la cabeza a un señor que ha demostrado ser solo un maleducado y buen boxeador callejero. Perder 5 a 0 frente a Argentina con la selección Sub-23 es la muestra de este aciago reinicio.

Ma ñanqha jaqiruwa pilut mat’aqiri apnaqañataki ukt’ayapxi. Jupaxa jaqir nuwxaña, arnaqaña ukatakit wali suma yatxatatawa.

* Aymara boliviano, doctor en Estudios Culturales Latinoamericanos y docente en la UMSA

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