Columnistas

Una señal, para empezar

El problema es que, en vez de disminuir, el problema crece. Ahí está el botón de muestra de los fiscales

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

00:22 / 21 de febrero de 2015

Nunca me convenció eso de que desde que se inventaron los pretextos nadie queda mal. Normalmente, el pretexto no alcanza para quedar bien. Se toma nota, se deja pasar, sirve para dar una segunda oportunidad, pero nada más.

Flotan en el ambiente decepciones que crecen. Tienen que ver con avivadas políticas, oportunismos, corrupción, abuso de autoridad y un exagerado etcétera que no por antiguo llega a acostumbrarnos. Al principio se podía pretextar que eran vicios y pesada herencia del pasado; que era culpa del neoliberalismo con toda su doctrina capitalista sin ética... Luego sirvió tal vez eso de que estos son los bueyes que tenemos para arar, que todo proceso es complicado, que no se debe perder la perspectiva histórica, que de a poco se irá decantando... Tuvo mucho de verdad aquello de que la conspiración opositora para degastar políticamente propiciaba denuncias de asuntos que prohijó, promovió... y ahora con qué moral vienen a hablarnos o a denunciar...

El problema es que, en vez de disminuir, el problema crece. Ahí está el botón de muestra de los fiscales. Uno que asalta en concomitancia con policías que están a sus órdenes; uniformados que extorsionan y roban; la Fiscal de Distrito que no pagó más de 30 meses de alquiler (tuvo que convertirse en escándalo para que pague), pero sigue como Fiscal de Distrito, desde donde paraliza cualquier posibilidad de reclamo de justicia. Hace dormir algunos casos.

Cada escándalo tiene nombre, apellidos, cargos, grados, domicilio. Las pruebas abundan, las víctimas testifican, por ahora, en los medios de comunicación. Y nada. Muchos de los casos son tan groseros que ya están resueltos, no hay que gastar tiempo ni dinero en investigar. Pero no pasa nada. En las épocas en que buena parte del MIR campeaba desvalijando a ciudadanos y al Estado, escuchamos el rosario de pretextos antes señalado. Cuando ya eran insuficientes, entraban en escena los intelectuales a racionalizar, a explicar con el trillado “es un fenómeno complejo, porque desde la escuela se hace trampas, y si alguien está libre de culpa, si no cruzó un semáforo en rojo, que tire la primera piedra (...)”.

Y después, el que si usted tiene problemas con el fulano, vaya a la Justicia y demándelo. Y cuando eso ya también era insuficiente, propuestas de debate nacional, involucrar a la sociedad toda en una cruzada, y si fuese necesario, un referéndum. Se gastaron millones de dólares (si no me equivoco durante el gobierno de Jorge Quiroga, prestados por el Banco Mundial y el BID) para estudiar “el fenómeno”. Y más dinero para reformas judiciales, capacitar a fiscales con viajes a Estados Unidos, Europa y Centroamérica. Y nada.

El maestro José Ignacio López Vigil, en los talleres de capacitación radiofónica, nos advirtió hasta el cansancio sobre la lógica del mediocre para hacer creer que es importante: “ya que no somos profundos, por lo menos seamos confusos”. La verborragia para justificar o hacer creer que se está haciendo.

Desde el sitio que a uno le ha tocado, las cosas se ven más simples: ¿puede la Fiscal de Distrito, quien se guarda las denuncias, seguir en el cargo? ¿Puede seguir el otrora fiscal atracador amenazando sin que ningún fiscal defienda a la sociedad, cumpla con su trabajo? Se necesita una señal, solo una para empezar por algo.

Es periodista.

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