Columnistas

Un sentido de vida

La vida... misterio inigualable y superior: todo vive, todo muere, y al mismo tiempo todo se multiplica.

La Razón (Edición Impresa) / José Félix Díaz Bermúdez

00:16 / 26 de octubre de 2016

Si tuviésemos que describir y expresar ante las contrariedades de la vida los sentimientos humanos que se alternan entre ella y la muerte, apreciaríamos el perpetuo dilema de los hombres que procuramos resolver en los ámbitos de la filosofía, de la ética, de la moral y de la religión.Somos seres físicos, pero también y sobre todo seres espirituales de transitorio paso en esta tierra de prueba y expiación, para muchos, de realizaciones y esperanzas, para otros, conforme al mandato de Dios de vivir, crecer y multiplicarnos en ella.

La vida... misterio inigualable y superior: todo vive, todo muere, pero al mismo tiempo todo se multiplica y se transforma.

Nuestra visión de la muerte misma como final inevitable y definitivo ha agitado la consciencia de todas las culturas y civilizaciones: unas han hecho culto de la muerte, otras han hecho culto de la vida. Esta última es la que en nuestro concepto debe imperar para que se asegure la permanencia nuestra y la calidad de la existencia, la real trascendencia del hombre.

Esta comprensión esencial, este dilema inevitable se plantea a cada instante cuando el ser humano se confronta a sí mismo y con los otros y debe escoger a cada momento alternativas y caminos de existencia. Podemos expresar esta situación versificadamente de una manera libre en la siguiente forma:

Siento una inmensa tristeza al pensar en la muerte, / siento una inmensa alegría al pensar en la vida... / Siento una inmensa tristeza al pensar que estoy solo, / siento una inmensa alegría por tu compañía... / Siento una inmensa tristeza en cada despedida, / siento una inmensa alegría en cada bienvenida... / Siento una inmensa tristeza cuando todo se acaba, / siento una inmensa alegría cuando todo comienza... / Siento una inmensa tristeza por el dolor humano, / siento una inmensa alegría al extender mis manos... / Siento una inmensa tristeza en esta hora oscura, / siento una inmensa alegría al contemplar la luz...

Tales reflexiones surgen motivadas por un concepto que expresó mi esposa, quien ha partido a un plano diferente hacia el cielo del Dios seguramente, allá donde se encuentra el reino de la paz y del bien. Ella señalaba que el objetivo de la vida en esta tierra es que permaneciéramos en ella hasta que aprendiésemos nuestras lecciones y pudiésemos elevarnos a un nivel superior. Ella, por su vida y por sus obras, lo logró, ese era su sentido significativo de la vida.

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