Columnistas

El sepulturero de Suárez

Suárez no pudo zafarse de las normas —desproporcionadas sí— que dormían su letargo

La Razón (Edición Impresa) / Rubén D. Atahuichi López

03:03 / 24 de marzo de 2015

El 7 de marzo reciente, Carmelo Lens, gobernador del Beni y a su vez jefe de campaña de Unidad Demócrata (UD) en ese departamento, no imaginó que en menos de dos semanas iba a asistir al entierro electoral de su correligionario antecesor. Ernesto Suárez y otros 227 candidatos de esa alianza quedaron fuera de las elecciones subnacionales en el Beni.

Aquel día, muy suelto de cuerpo, extrañamente audaz y con una ingenuidad digna de político principiante, la autoridad difundió en rueda de prensa los resultados de una encuesta interna (no autorizada). Leyó uno a uno los números favorables de Suárez y UD, y desahució, también uno a uno, los de los rivales electorales de éste. En mala hora.

¿No sabía Lens, en su condición de jefe de campaña de UD en el Beni, el mandato del parágrafo III del artículo 136 de la Ley de Régimen Electoral? Creo que no, más que los rumores que dicen que lo que hizo fue adrede, en razón de que Suárez no permitió que su esposa sea candidata a alcaldesa.

Esa filtración de números ahora le cuesta a Suárez y a los otros dos centenares de candidatos una oportunidad de ser elegidos como autoridades departamentales y municipales. El Tribunal Supremo Electoral (TSE) —que dio por probada la denuncia de Vanessa Tirina (expulsada en la agrupación NACER por ese atrevimiento) en el Tribunal Electoral Departamental (TED) del Beni— canceló la personería jurídica de la alianza y suspendió, en consecuencia, el registro de los 228 postulantes de esa fuerza política.

Convengamos que hasta ahí suena inútil culpar a terceros por la acción de Lens. Ante la disputa entre el denunciado y la denunciante, el TSE sujetó su decisión en la norma de marras, que dice que cuando alguna organización política incurra en ese extremo será pasible a la “inmediata cancelación de su personería jurídica”. ¿Había otra vía? ¿Quizás dejar pasar el ilícito como un triste precedente, cancelar la sigla y permitir la continuidad de las candidaturas o sugerir la interpretación constitucional de la norma en cuestión? Aparentemente, no.

Aunque Suárez y compañía se han esforzado por hacernos creer, y sin pruebas más que la suposición, que la resolución fue una “instrucción” del presidente Evo Morales, no ha hecho mucho por resistir —como amenazaba en medio de una huelga en La Paz— la decisión. Al contrario, llamó a la calma y, obligado por los escasos tiempos, se puso a salvar su mal momento con un acuerdo con la hasta hace poco agrupación de quien los denunció. De manera táctica y poco sincera con el electorado beniano, consiguió que el candidato a la Gobernación del Beni por NACER, Willy Mae, renuncie alegando motivos de salud y dé paso a Carlos Dellien, el fusible de UD. ¿Será suficiente para impedir que el Movimiento Al Socialismo (MAS), con el camino expedito, gane la elección? Los días que restan para la votación lo dirán.

Lo cierto es que esta vez, a pesar de la cuestionada decisión a letra muerta del TSE, Suárez no pudo zafarse de las normas —desproporcionadas sí— que dormían su letargo en las gavetas, como cuando convocó a un “referéndum autonómico” inconstitucional.  Quizás vuelva a la carga en cinco años, pero tiene que reconocer que quien echó su suerte fue Lens, su auténtico sepulturero electoral. Así fue.

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