Columnistas

Un hasta siempre

Estas son líneas de  despedida y agrade-cimiento a quienes siguieron durante años esta columna

La Razón / Juan León

01:24 / 03 de febrero de 2012

Éstas son líneas de despedida y agradecimiento. Despedida, en primer lugar, de los lectores que tuvieron la paciencia de leer esta columna desde hace varios años.  Un gracias personal por su benevolencia al seguir lo escrito, bien o mal, desde que El Tuétano comenzó a publicarse hace algo más de un lustro. Un gracias especial a quienes nos expresaron, alguna vez, coincidencias o discrepancias con las opiniones, siempre subjetivas, de una columna de esta naturaleza. La percepción de los lectores, en la medida en que la suerte permite conocerla, es siempre fundamental para ratificar o enmendar ideas, principios y posiciones expuestas a su consideración. Ése es, al final, el beneficio personal de escribir en un medio de amplia difusión.

Después, un agradecimiento público a la gente de La Razón, que nos cobijó con generosidad desde que su director de entonces, Juan Carlos Rocha, nos invitó a escribir los viernes, cada 15 días, en la página de opinión. Desde entonces, los colegas que le sucedieron en la dirección y los sucesivos editores tuvieron la paciencia de esperar la llegada de la columna, muchas veces en el límite de tiempo, sin preguntar nunca sobre su contenido. Nunca se me sugirió tema alguno, de la misma manera que nunca hubo expresión de acuerdo o no con lo escrito. Se entendió siempre, y así fue, que el Tuétano expresaba una opinión personal que se respetó con rigor profesional.

La explicación de esta despedida tiene que ver con razones de tiempo y responsabilidad profesional. “Renuncio por razones estrictamente personales”, diría para respetar fórmulas tradicionales si hubiera existido relación contractual. Pero no existió. Ésta es la última publicación del Tuétano porque desde la víspera asumí la Dirección Ejecutiva de la Asociación Nacional de la Prensa (ANP) que implica un compromiso profesional de tiempo completo.

No quiero cerrar el ciclo sin llamar la atención sobre la tragedia del miércoles en Egipto. La muerte de 74 personas en un enfrentamiento en el campo de juego de un estadio de fútbol, más allá de la magnitud del hecho noticioso, obliga a meditar sobre el escaso valor que, cada vez con mayor claridad se le da a la vida humana en todas partes.

Más allá del impacto que provoca la muerte de 74 personas en un enfrentamiento en una cancha de fútbol, en el subsuelo de nuestra vida en comunidad subyace una estadística sin límites de muertos por atentados terroristas, delincuencia callejera o violencia doméstica y social, cuyo denominador común es el sacrificio de gente por lo general inocente porque a nadie parece importarle la vida como valor principal del ser humano. Y eso debe preocuparnos siempre, por encima del adiós circunstancial.

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