Columnistas

El sínodo de febrero

Será un sínodo, no religioso, sí democrático. Una asamblea para saber si abrimos o no la CPE

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:27 / 27 de enero de 2016

Porque soy miembro de la Academia Leal de la Lengua pido licencia a los e-lectores para plagar este artículo de errores ortográficos. Voy a infectar algunas palabras con el sí y el no del dilema a resolver el 21 de febrero para modificar o no el artículo 168 de la Constitución.

Será un sínodo, no religioso, sí democrático. Una asamblea para saber si abrimos o no la Constitución a la voluntad electoral del pueblo. Ese sínodo no versará sobre la duda metódica del “si creo o no creo en Dios, solo Dios sabe”, sino en considerar si mantenemos cerrado el candado para evitar la reelección presisidencial de quienes merecen seguir gobernando por el voto decisivo, masivo y cuanto adjetivo tenga sí de positivo.

En la Atenas clásica existían los nomotetas, comisionados legislativos para revisar la vigencia de la Constitución y proponer arreglos textuales. En Bolivia no se busca hoy cambiar la Carta Magna por una Constitusión (sic). No es asunto de imponer una sílaba, porque si así fuera los nomotetas de la oposición ya estuviesen pugnando por llamar Alanota a la Alasita. Me parece bien, además, que en su pugna por imponer el No la oposición no haya devenido oponoción, aunque el descaro mediático del imperialismo propale que No es CNN.O.

Por coherencia con lo que predica el gobernador Patsi debería ser Patno, y en vez de bisicleta tendría que rodar en nomopatín. Ah, supe que unos connotados del No pararon a Nosiglia en plena carrera dakariana para preguntarle sí o no. Wálter habría respondido, bien apurado: No. Sí… ¡Glia!

En este literal sino (quiere decir hado, suerte, destino) se meten todos. El nopal y el nogal andan verdes de rabia (no de savia) porque el ciprés se cambió a siprés y pretende, además, ser si-press, por su manejo de prensa. Recordemos que el patriarca Noé perdió el control de su arca cuando a su movilidad se colaron piojos, moscas, pulgas y otras notorias alimañas nocivas. Tal vez si antes del Diluvio hubiese habido un referendo para salvar a las espesies, esa fábula bíblica se habría denominado el Arca de Sié. Sí, ¿eh?

Bueno, por la otra vez que dije en esta columna que “hay que ser más Potosí y no tanto potonó”, un potoco anónimo me envió un mensaje agresivo. Debe ser Corsino porque, el muy cor, denostaba al sí y bendesía al no, acusándome además de ser un nómada por no estar en la Villa Imperial de Quirlos Canto. La reacción de ese nativo de Unsía, como yo, me recordó el tremendo lío que tuve con mis paisanos potocos en 1968, cuando en el programa radiofónico de humor político Olla de Grillos propuse que Potosí se llame Toposí, ya que su población minera pernoctaba históricamente en galerías subterráneas, socavones, como el mamífero insectívoro llamado topo.

Los toposinos casi me declararon non grato; me salvé por la gestión de unos potosinos. Los llajtamasis sívicos tienen ahora por paradigma a un perro titulado Petardo. Esa nonada no debe hacerse viral porque, ni tardos ni perezosos, los tarijeños podrían salirnos con su Metardo.

En fin, ya inmersos en el sínodo democrático por hacer valer el sí al sí y no al no —con el no al sí y el sí al no—, hago votos (sin ser del Tribunal Electoral) para que no se repita el caso de aquel preso político torturado por el narcoronel Arce Gómez que se desvaneció en lo mejorcito de la sesión. Y por no volver en sí volvió en no.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3
4 5 6 7 8 9 10
18 19 20 21 22 23 24
25 26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia