Columnistas

Mi solidaridad

Los compañeros que se fueron le dieron muchos años de su vida y su trabajo a este periódico.

La Razón (Edición Impresa) / Guadalupe Tapia

00:22 / 11 de septiembre de 2016

Hace una semana se desvincularon de La Razón a 11 trabajadores. Según la explicación interna, se trató de una decisión ligada a temas administrativos. Ante esa situación, es difícil no solidarizarse con los compañeros que ya no estarán con nosotros en el trabajo, a muchos de los cuales, por la cercanía de las actividades, voy a extrañar mucho.

Aquí dentro, como trabajadores, creo que la mayoría quedamos desconcertados y también un poco susceptibles. Lamentablemente, nuestro sindicato no reaccionó como hubiésemos esperado. Tal vez se debió a que justamente el principal dirigente salió de vacaciones, y lo que resta, por ahora, es esperar a que se “ponga las pilas” cuando retorne de su descanso, para que nos aclare el panorama. Lamento las decisiones tomadas. Sin embargo, queda el anuncio, que yo lo tomo como una esperanzadora promesa, de que no habrá más desvinculaciones.

No es mi intención hacer una bandera de lo que sucede para ir en contra las decisiones que se tomaron en la parte administrativa. Eso, no obstante, no me limita a solidarizarme con mis compañeros, y me pongo en sus zapatos. Casi todos ellos le dieron su vida a este periódico y aportaron durante mucho tiempo con su trabajo.

Y mientras digerimos lo sucedido, quiero sobresaltar que igual siguen existiendo en este medio personas valiosas que día a día buscan hacer un buen trabajo. Seguramente cometemos errores, como cualquier otro ser humano, pero intentamos resolverlos.

Lastimosamente, al margen de que busquemos trabajar de forma adecuada, todavía seguimos cargando con un pesado estigma, ése que nos tilda de ser oficialistas. Desde las dos secciones en las que he trabajado para este medio, Ciudades y La Razón Digital, nunca me han dicho qué es lo que tengo o no tengo que escribir, y con el apoyo de mis editores hemos buscado siempre hacer un trabajo equilibrado, pero parece que eso no basta. Imagino que todavía hay fallas, pero estoy segura de que también las podremos resolver. Ojalá eso sirviera para quitarnos esa terrible etiqueta, que de paso es la más compartida por nuestros mismos colegas desde otros medios. Seguramente el tiempo lo dirá.

No resulta fácil acercarse a los compañeros que se fueron para decirles las frases que siempre se repiten: que sean fuertes o que por algo suceden las cosas. Lastimosamente, en la vida siempre ocurren imprevistos. Pero hasta cuando mueren las personas más queridas de toda la vida, uno tiene que quitarse la pena, las rabias, y seguir adelante.

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