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No son solo números fríos

El cáncer es la segunda causa de muerte en el continente americano, de acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que calcula que para 2030 habrá 2,1 millones de personas enfermas con este mal.

La Razón (Edición Impresa) / Marco Fernández*

09:27 / 29 de julio de 2018

La noche apacible de un sábado de repente se vio trastocada cuando una amiga empezó a rogar por las redes sociales que le ayudasen a conseguir una droga que evitaba que su madre sufriera los dolores del cáncer. Los mensajes se tornaban desesperados, mientras los amigos y familiares hacían todo lo posible por averiguar dónde se podía obtener el paliativo a la enfermedad, hasta que en un momento solo se escuchó el silencio de una muerte que tal vez se podía haber prevenido.

Este recuerdo viene a mi memoria cada vez que oigo promesas sobre la construcción de hospitales y la compra de equipos especializados para tratar el cáncer; o cuando organizan festivales de recaudación para adquirir el ansiado acelerador lineal y no obtienen los recursos suficientes; o cuando vuelvo a enterarme de que un amigo, una madre, un padre, un hermano, una hermana o un vecino ha sido afectado por este mal.

El cáncer es la segunda causa de muerte en el continente americano, de acuerdo con un estudio de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que calcula que para 2030 habrá 2,1 millones de personas enfermas con este mal. En cuanto a Bolivia, según el Registro Nacional de Cáncer, cada año son diagnosticados 19.437 nuevos casos, de los que el 35% son varones y 65%, mujeres. Una de ellas fue doña Estela, quien tenía su tienda de abarrotes en Alto San Pedro y que sucumbió muy temprano en su lucha, por lo que engrosó las estadísticas que parecieran pasar desapercibidas para algunas autoridades y parte de la población.

Desde agosto de 2016, pacientes con cáncer ruegan para que instalen en el Hospital de Clínicas un acelerador lineal en reemplazo del equipo de cobalto que quedó obsoleto, ya que su tecnología es de hace 50 años. Esta situación se hizo más insostenible, si acaso se puede más, cuando cerraron la Unidad de Radioterapia debido a que los equipos quedaron casi inservibles y porque hubo denuncias de cobros ilegales, además de tráfico de pacientes.

Ante este panorama crítico, un grupo de pacientes llevó a cabo huelgas de hambre y se crucificó ante la carencia no solo de equipos o lo caro que cuesta hacerse el tratamiento, sino también por la falta de médicos especializados; lo que ocasionó que alguna vecina muriera por cáncer de cuello uterino.

Por otro lado, da la impresión de que para las autoridades (nacionales, departamentales y municipales) estos casos siguen siendo un número frío, cifras que pueden aguantar el dolor de los tratamientos, el suplicio de no poder conseguir el dinero suficiente para pagar los gastos y la angustia de ver sufrir a padres, hermanos, amigos o vecinos.

*es periodista de La Razón.

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