Columnistas

La sorpresa de los precios a la baja

Parece difícil de admitir que los precios hubieran caído en  noviembre en lugar de haber aumentado.

La Razón (Edición Impresa) / Horst Grebe López

00:00 / 08 de diciembre de 2013

En las economías capitalistas el sistema de precios relativos cumple, entre otras cosas, con la función de proporcionar a los agentes económicos señales a corto plazo sobre la relación entre la disponibilidad de la oferta y la demanda respectiva. Y esto vale incluso para los mercados monopólicos y oligopólicos.

En consecuencia, la intervención del Estado puede alterar temporalmente la situación de equilibrio a determinados niveles de precio, pero si la intervención es desproporcionada o utiliza dispositivos de puro comando y control, a la postre se puede ocasionar severas distorsiones que traen aparejadas condiciones de desabastecimiento, escasez cíclica, corrupción y repercusiones perversas sobre el conjunto de los precios relativos. Dentro de ciertos umbrales y con fines primordialmente de impulsar la producción, la intervención de la autoridad política es legítima y justificada.

Esta introducción sirve para comentar las cifras oficiales anunciadas en estos días respecto de la inflación en noviembre. Dichas cifras no llamarían tanto la atención si es que no hubiera ocurrido previamente una intensa polémica sobre los efectos inflacionarios del doble aguinaldo. En tal contexto parece difícil de admitir que los precios hubieran caído en noviembre en lugar de haber aumentado, como anticipaba el sentido común.

Las autoridades han indicado que los factores determinantes de la reducción de precios en noviembre consisten en las importaciones realizadas por el Estado de los productos que estaban alentando tendencias inflacionarias por encima de las metas oficiales, por una parte, y de la absorción de liquidez en gran escala llevada a cabo por el Banco Central, por otra. Sorprende por supuesto la eficacia milimétrica de ambas operaciones, pero habrá que admitir que ambas resultan ciertamente más legítimas que una manipulación pura y simple de los registros estadísticos del Índice de Precios al Consumidor. Mediante estas operaciones, el Ministerio de Economía ha logrado colocar el indicador de inflación en el nivel para que una inflación ligeramente superior al 1% en diciembre traiga consigo el cumplimiento exacto de la meta de 7,5% de inflación en el año. Una proeza ciertamente, de cara a los debates que se encuentran todavía en pleno desarrollo.

Convengamos en que nadie en su sano juicio desea que la economía se deslice hacia una situación de ebullición de precios, con desorden de mercados y espirales entre los salarios y los precios. Ocurre sin embargo que el Estado está gastando una enorme cantidad de dinero para mantener inmóviles los precios de los carburantes, ahora de los principales alimentos y muy pronto podrían sumarse otros rubros si es que seguimos obsesionados con anclar la inflación en metas rígidas, pero se descuida al mismo tiempo que una verdadera política a mediano plazo tendría que consistir en la promoción de la oferta interna y la supresión de las restricciones que la afectan. Nótese además que se trata de productos que tradicionalmente provenían de la pequeña propiedad campesina.

El abastecimiento externo contribuye aun más a desestimular la producción interna de alimentos y otros bienes semejantes. Sería mejor atacar los obstáculos a la ampliación de la oferta interna mediante medidas y políticas eficaces, en lugar de gastar divisas en importaciones alternativas, que tienen un efecto de corto plazo en la estabilización de los precios internos, pero asimismo traen aparejadas consecuencias de mediano y largo plazo sobre las expectativas de los productores campesinos, en beneficio de las actividades del comercio en sus diferentes tamaños y canales de circulación de mercancías, con perjuicio para los campesinos productores.

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