Columnistas

Dos sorpresas del Censo 2012

El ‘pecado original’ de este censo fue no haber concluido la actualización cartográfica.

La Razón (Edición impresa) / Xavier Albó

00:09 / 04 de agosto de 2013

Por fin se ha hecho la primera entrega de resultados finales del Censo 2012. Me centraré en dos sorpresas, que exigirán explicaciones. La primera sorpresa para todos fue la diferencia de 363.659 censados entre los datos preliminares de enero (a mano) y los finales de junio (con lector óptico). Lo precipitado fue seguramente querer dar aquellas primeras cifras como primicia. Empero, al analizar este dato por departamentos (de momento, lo único posible), se constatan variaciones que deben explicarse. Donde hay mayor pérdida es en Cochabamba, tanto en cifras absolutas (la mitad de todas las pérdidas) como relativas (-10,3%); siguen de lejos Tarija (-5,5%) y Santa Cruz (-4,6%). Sólo en tres departamentos el lector óptico aumenta la cifra manual de enero: Potosí (+4,1%) y, en porcentajes minúsculos, Pando (+1,1) y Oruro (+0,7).

Coincido con quienes piensan que el “pecado original” de este censo fue no haber concluido la actualización cartográfica. Se añadió una selección precipitada y con poca capacitación de algunos auxiliares contratados a última hora para el operativo. Tampoco se ha hecho la rutinaria encuesta poscensal para estimar la subnumeración y otras posibles anomalías; y cuanto más se tarde en ella, menos comparabilidad tendrá con el dato censal para que cumpla su objetivo. El Ejecutivo decidió que no cabía retrasar otro año el operativo, tomando en cuenta otras limitaciones climatológicas y de tiempos políticos. Lo mejor era enemigo de lo bueno... o pasable. Esperemos que con los prontos desgloses a nivel municipal y otros cruces de variables tendremos mayores criterios para dar un juicio más cabal y ver si caben o si se precisan todavía ajustes ulteriores. O quizás tendremos que transar con lo que ahora tenemos por algunos años, dado que el INE ya está embarcado en otro censo igualmente necesario: el agropecuario.

El otro dato sorprendente es el vuelco que ha dado la pregunta sobre autopertenencia étnica. El censo de 2001 (cuatro años largos antes de la llegada de Evo y el MAS al Gobierno) dio la sorpresa histórica de que el 62% de los pobladores de 15 y más años dijo pertenecer a alguno de los nuestros pueblos originarios (hablando o no además la lengua). La pregunta 29 era básicamente la misma que en 2001, y en el resultado se usa el mismo corte de edad (pese a que ahora se preguntó a toda la población). Pero en este censo casi se invierte la relación: el 58% dice que no pertenece y sólo el 41% reafirma su pertenencia. La merma ocurre sobre todo en las naciones y pueblos mayores: quechua (del 31% al 19%), aymara (del 25% al 17%) y los tres mayores de tierras bajas; chiquitanos, guaranís y mojeños que, juntos, bajan del 3,7% al 2,7%. Casi todos los demás pueblos, minúsculos, aumentan, en parte porque recién en ese censo se los explicitó en la boleta; gracias a ello, los que no especifican su nación o pueblo han bajado de 55.179 a sólo 4.419. Algunos miles de hablantes de quechua y aymara se han identificado como kallawaya, yampara, etc. Pero la merma total es indudable. ¿Se deberá siquiera en parte al nuevo filtro inicial de la pregunta (pertenece... sí\no), antes de especificar a cuál?

Valdrá la pena analizar más a fondo este punto, que es un revés para el Estado Plurinacional. Para responder a estas y otras sorpresas del censo, tendremos que mirar con lupa los datos de la manera más desglosada posible y cruzarlos con otros sobre lengua, edad, lugares de origen y de residencia, ocupaciones, etc., cuando todo ello esté disponible.  

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