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¿El sucre es como el euro?

La principal ventaja del sucre es el obvio ahorro del uso de dólares para el comercio intrarregional

La Razón / Pablo Rossell Arce

00:01 / 15 de noviembre de 2012

El sucre es una iniciativa de moneda de compensación (que no es lo mismo que moneda de circulación regular) entre los países de América Latina. Una moneda de compensación es una “canasta” de monedas; es decir, una unidad de cuenta cuyo valor es proporcional a la capacidad exportadora de los países que participan de este intento de integración monetaria. En teoría, por lo tanto, el sucre debería usarse de manera exclusiva para las transacciones de comercio internacional entre los países sudamericanos, no para las transacciones comerciales al interior de los países, como actualmente ocurre con el euro.

El sucre nació a iniciativa del Alba. En 2009 la VII cumbre del Alba aprobó el Acuerdo Marco del sucre; y en enero de 2010, entró en vigor el Tratado Constitutivo del sucre. El principal objetivo del sucre es independizar el comercio intrarregional del uso del dólar como moneda de intercambio. Si bien el sucre es utilizado (aún de manera poco intensiva) por los países que integran el Alba, recientemente Perú y Colombia han expresado interés en utilizar este sistema de compensación.

La principal ventaja, según los promotores del sucre, consiste en el obvio ahorro del uso de dólares para el comercio intrarregional. En otras palabras, utilizando el sucre entre Bolivia y, por poner un ejemplo que da urticaria, Venezuela, ni el uno ni el otro necesitarían generar exportaciones en dólares para contar con efectivo al momento de hacer sus pagos recíprocos. En este caso, basta con hacer un balance de valor entre lo que se exporta de Venezuela a Bolivia, valorado en bolívares; y lo que se exporta de Bolivia a Venezuela, valorado en bolivianos. El país que tenga saldo deficitario deberá abonar en su propia moneda a una cámara de compensación regional.

Según los críticos, el uso del sucre intenta reemplazar, en un ámbito geográfico más restringido, un mecanismo de compensación ya existente en el marco de la Asociación Latinoamericana de Integración (Aladi), mecanismo que de todos modos fue poco usado por sus integrantes. Evidentemente, el alcance práctico de esta iniciativa es aún muy limitado, y las cifras de comercio intrarregional tienen aún un peso relativamente menor: el comercio intrarregional de América Latina representa el 20% de su comercio total; el 40% de su comercio se realiza con los EEUU y la Unión Europea; aproximadamente el 30% con Asia (encabezada por China), y el resto con otras regiones.

En todo caso, parece sensato ir prescindiendo del dólar como moneda de intercambio, gracias a los ahorros que esto puede generar; más aún en un marco en el que el comercio intrarregional está creciendo, y mucho más aún en un marco en el que este comercio se realiza cada vez más para productos manufacturados. Aparentemente, para que el uso del sucre tenga una mayor propagación, falta un poco más de decisión política por parte de los países latinoamericanos.

Los promotores de una integración económica más seria en América Latina  abogan también por el desarrollo de otros mecanismos más ambiciosos: la efectiva puesta en marcha del Banco del Sur, ya con acta de nacimiento oficial, pero aún sin poder operar; el uso de las reservas internacionales netas de cada país y de los fondos de las administradoras de pensiones nacionales para financiar el desarrollo; la emisión de deuda en conjunto para promediar riesgos, etc., etc.

Las posibilidades teóricas son vastas; las posibilidades económicas están dadas esencialmente por la rentabilidad de las iniciativas, que puede ser interesante; y, de nuevo, por la valoración de costo/beneficio político que todos los gobernantes nacionales perciben de la integración.

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