Columnistas

No suma cero

El libre intercambio de los derechos de propiedad es la fuente donde reside la creación de la riqueza

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro F. Mercado

01:49 / 24 de mayo de 2014

En el preciso instante en el que escribo este artículo, al igual que en el instante que usted lo está leyendo, millones de transacciones de intercambio de valores (léase transacciones de compra-venta) se están realizando en todas partes del mundo. En Estados Unidos, en China, en Bolivia, en Cuba y en todos los países que se le vengan a la mente. Este fenómeno, que hoy se nos presenta mediante billetes de diferentes colores, monedas de distinto tipo, tarjetas electrónicas a cual más sofisticadas y mediante códigos de internet, se suscitó desde los albores de la humanidad, con la única diferencia de que en lugar de tarjetas electrónicas se utilizaban pieles o, posteriormente, metales preciosos, y así seguirá siendo mientras exista la humanidad, aunque ahora nos sea difícil imaginar cuál será el medio de intercambio en el futuro.

¿Por qué este juego de intercambio está tan extendido en el tiempo y en el espacio, a tal punto que parece ser inherente a la existencia de la humanidad? La respuesta es sencilla, porque es un juego que si se lo practica de manera voluntaria, sin coerciones ni privilegios, ambos participantes ganan. Es decir que no es como un juego de naipes, donde lo que uno gana el otro debe perderlo. No es como un juego de suma cero, como Galeano escribiera en Las venas abiertas de América Latina. Con razón el escritor uruguayo recientemente ha confesado: “No sería capaz de leerlo de nuevo. Caería desmayado. Para mí, esa prosa de la izquierda tradicional es aburridísima. Mi físico no aguantaría. Sería ingresado al hospital”.

Pero más allá del hecho de que todo intercambio voluntario, sin restricciones ni limitaciones, conduce a la ganancia de ambos participantes, independientemente de cuáles sean sus dotaciones, talentos y habilidades, otra razón de que se haya extendido a todos los rincones del planeta está en la irrefutable constatación de que el libre intercambio de los derechos de propiedad es la fuente donde reside la creación de la riqueza y el logro de un mayor bienestar para los pueblos.

Este proceso de intercambio, denominado por los economistas como Teoría General del Intercambio, o denominada Ley de Asociación (para utilizar la expresión de Ludwing von Mises), descansa en lo que conocemos como la Ley de los costos comparados, y requiere, como condición sine qua non, el ejercicio pleno de los derechos de propiedad y que sea completamente voluntario. Caso contrario, si los beneficios no serían mutuos, si una de las partes percibiría que no va a salir beneficiada, definitivamente los intercambios no se producirían.

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