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‘Al sur de las miradas’

El personaje de este poemario es el propio autor, a quien el amor lo salva, lo redime,  le da esperanza...

La Razón (Edición Impresa) / Homero Carvalho Oliva

02:02 / 14 de agosto de 2014

Pablo Mendieta Paz, autor del poemario Al sur de las miradas, es un reconocido músico y compositor paceño, y como tal entiende que la poesía es música y así trabaja sus poemas, dotándoles de una armonía interna, de un ritmo interior que nos hace volver a leerlos no solamente para disfrutar nuevamente de las imágenes y metáforas que nos trasmite, sino para sentir la música. Esa música que el archicitado Jorge Luis Borges destacaba en el poema Paloma imaginaria de Ricardo Jaimes Freyre (“Peregrina paloma imaginaria/que enardeces los últimos amores; / alma de luz, de música y de flores/ peregrina paloma imaginaria...”).

Y los versos de Pablo también son musicales y clásicos; musicales en su cadencia, y clásicos en su poética que en su mayoría es la del amor. Como en el poema Célebre canto de rosas, en el que el poeta dice “Que el amor sea la única llave maestra/ que abra todas las puertas de la ciudad/ como el rocío, algo efímero que vuela”. Pablo es un bardo romántico, si hubiera devenido guitarrero, hubiera sido de los serenateros, de esos que con guitarra en bandolera se la pasaban iluminando la noche paceña con sus canciones mientras enamoraban a bellas muchachas, arrobadas en balcones de calles que ya no existen.

Conocí la poesía de Pablo hace un par de años, porque leía los poemas que él subía al Facebook, red social en la que nos hicimos amigos. Pablo, que es también narrador, autor del libro La noche oscura y otros relatos, muy bien reseñado por el chileno Edmundo Valenzuela, sabe que la diferencia entre el narrador y el poeta es que el primero es un dios hacedor que define sus mundos y sus personajes de acuerdo con las necesidades de la historia que va a contar, y que en la poesía es Dios quien nos hace su personaje en el poema; por eso mismo el personaje de este poemario es el propio autor, a quien el amor lo salva, lo redime, le da esperanza, lo libera y lo alienta a seguir viviendo; el amor transfigurado en mujer que lo alumbra en la sombra y le alivia la soledad.

Sin embargo, también está presente el poeta que reflexiona ante la vida, que se pregunta de la existencia: “¡Vaya que es doloroso/ perder la mitad de la vida/ y la otra mitad de la muerte!..”. Me llamó la tención un poema titulado El músico del hospicio: “Me llamo Antonio Vivaldi. / En este momento vuelan los compases/ dejando caer una a una las ciruelas con bastón. / Veo alrededor árboles sin talar. / Camino por ahí escuchando/ todo lo que cae a mi tonsura clerical. / Dirijo la orquesta que esperó por mí toda la noche/ para que al final los oyentes vibren de conquista…”.

Para terminar, quiero decirle a Pablo que me alegré mucho cuando mi amigo Marcel Ramírez, de Editorial 3600, me pidió que presente su poemario, porque sabía que habría de encontrar bellos y asombrosos poemas y no me equivoqué, como tampoco lo harán ustedes si llevan uno de estos libros y lo leen junto a su compañera. Vale la pena leerlo y releerlo.

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