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No más tabaco

Un reciente informe de la Organización Panamericana de la Salud (OPS) sobre tabaquismo nos tomó por sorpresa, pues en él ubica a los bolivianos entre los habitantes más “fumatéricos” de las Américas; como el segundo después de Chile en el continente. No obstante, en comparación con las campañas que se hacen en dicho país para reducir el consumo del tabaco, (pensadas para impresionar a la población sobre los efectos, complicaciones y enfermedades de este vicio), las que se efectúan en nuestro medio son realmente opuestas. Pero tal parece que ni gigantescas ni pobres campañas calan en el pensamiento del “hombre urbano” y persiste, enceguecido, fumando tabaco sin cesar.

La Razón / Luis Kushner-Dávalos

02:34 / 22 de febrero de 2012

Es verdad, es un vicio y cuesta dejarlo. Pero cuando se analizan los costos que el Estado tiene que incurrir para tratar las complicaciones del tabaquismo, las cifras se elevan como rascacielos. El abuso del tabaco puede llegar a tener consecuencias nefastas; incluyendo enfermedades como el cáncer de laringe, de estómago, de cuello uterino, de pulmón, entre otras; hasta padecimientos severos de infertilidad, sobre todo entre los varones, reduciendo la capacidad espermática para la reproducción.

Tenemos que ponernos duros en declarar al tabaco como nocivo para la salud, imponer normas que eviten nuevos usuarios y que también protejan a los fumadores pasivos (aquellos que no fuman, pero que tienen que inhalar las sustancias tóxicas de los cigarrillos ajenos), ya que éstos también pueden enfermarse.

Los impuestos al tabaco han sido un opción al que siempre se quiere apelar cuando se intenta modificar la conducta de los fumadores; pero por varias razones (no me detendré  en este aspecto por la falta de espacio) siempre terminan siendo suaves y condescendientes, a diferencia de otro tipo de leyes o decretos.

Los datos de la OPS son totalmente claros y descriptivos. Muchos bolivianos tienen una adicción común que los coloca en un deplorable puesto dentro de las estadísticas de salud a nivel mundial. Es menester que la reducción del consumo de tabaco sea primordial en las políticas de Estado, y que se establezcan con el mismo rigor que el Gobierno ha manifestado respecto de otros temas. No así una “bala de salva política” que no haga ni chispa ni fuego. La salud lo necesita.

Dejar de fumar beneficia en: aumentar la calidad y cantidad de vida; reduce las probabilidades de un ataque al corazón, embolia y cáncer; si una mujer está embarazada, reduce la posibilidad de un parto prematuro; elevación de la presión (preeclampsia), desprendimiento de placenta y crecimiento fetal restringido; y finalmente si Usted deja de fumar, la probabilidad de que sus hijos se vuelvan adictos al tabaco se reduce notablemente.

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