Columnistas

De la teología a la pedofilia

Son, pues, largos años los que se soporta ese funesto fuero medieval que gozan las sotanas

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Antonio Carrasco

00:01 / 15 de febrero de 2014

Una resolución del Comité de Naciones Unidas para los derechos de los niños, aprobada el 4 de febrero en Ginebra invoca al Vaticano la entrega a la Justicia Ordinaria de los curas involucrados en atentados sexuales en detrimento de impúberes que frecuentan parroquias y escuelas a su cargo. Se dice que si bien la Santa Sede no encubría esa conducta reprochable, remitía las denuncias a conocimiento y consideración de la Congregación para la Doctrina de la Fe, sucedánea del Tribunal de la Santa Inquisición, donde reposan millares de expedientes sin seguimiento serio. Esa instancia generalmente solía trasladar a los infractores a otras asignaciones, sin adoptar las drásticas medidas disciplinarias que correspondían. Aquello, para evitar el escándalo que —evidentemente— dañaría la imagen de la Iglesia.

Sin embargo, cuando los damnificados se organizaron en la red de sobrevivientes abusados por sacerdotes (SNAP) fueron finalmente escuchados por los jueces, y obtuvieron compensaciones financieras en Estados Unidos, Irlanda y otros países. Empero, ni el pago de más de 3.000 millones de dólares, que ya suma el resarcimiento eclesial a sus víctimas, devolverá la inocencia de la masa de niños estropeados, ni curará los irreversibles traumas emocionales provocados.

No obstante, entre los miles de anónimos afectados ha surgido la voz célebre del novelista chileno Jorge Edwards, quien en sus memorias Los círculos morados cuenta cómo,  cuando era colegial aún, había sido perjudicado por un fraile a quien para castigarlo, su superior, el ahora canonizado santo chileno Alberto Hurtado, solamente lo mudó de destino. Otros, como los dos centenares de efebos sordomudos asaltados por el padre americano Lawrence Murphy, o los incautos legionarios de Cristo, engatusados por el presbítero mexicano Marcial Maciel, comprobarán que mañana siempre es tarde para frenar esas iniquidades.

En Bolivia, que se sepa, la pederastia no tiene entre los clérigos esas facetas epidémicas como en otras partes, pues el episodio más publicitado se remonta al 7 de mayo de 1939, cuando el párroco de Arampampa (Potosí), Severo Catorceno Rocavado (61), violó a la menor Mercedes León, de siete años, provocando la ira del presidente Germán Busch, quien, sin proceso alguno, ordenó su inmediato fusilamiento, que se cumplió con éxito 48 horas más tarde. Aquel, fue un acto unilateral, porque el ilustre dictador acostumbraba someter al voto democrático de su gabinete las ejecuciones que juzgaba oportuno decretar. Gracias a ese mecanismo de consulta previa, acusado por otras fechorías, el magnate minero Mauricio Hoschild salvó, in extremis, su cabeza.

Son, pues, largos años los que se soporta ese funesto fuero medieval que gozan las sotanas o las charreteras. El rojo y negro de antaño tienen hoy que terminar definitivamente. Curas y militares, despojados de sus disfraces, deberían responder como ciudadanos ordinarios por las atrocidades cometidas en los templos, en los cuarteles o fuera de ellos.

Confiemos que el papa Francisco barra enérgicamente a la minoritaria escoria agazapada en los confesionarios, para reafirmar la fe de nosotros, los creyentes. Entre las medidas que podría adoptar, en su infinita infalibilidad, estaría la abolición del celibato obligatorio exigido al religioso. De esa manera, se daría escape a su infeliz soledad, para que, en el marco matrimonial, evacue sus urgencias adecuadamente, y una vez sosegadas sus pulsiones, no incurra en la tentación de cometer actos contranatura.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1
2 3 4 5 6 7 8
16 17 18 19 20 21 22
23 24 25 26 27 28 29
30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia