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Otro tiroteo masivo en EEUU

Nuestra actitud parece ser de fatalismo: otro día más, otro tiroteo masivo. Lo cual es cierto

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

00:02 / 08 de agosto de 2015

Desde el 11 de septiembre de 2001 (11/9), Estados Unidos ha respondido agresivamente al peligro del terrorismo y ha tomado medidas extraordinarias, que incluyeron la invasión a dos países, Irak y Afganistán; el lanzamiento de operaciones militares en varios otros; y la inversión de aproximadamente 8.000 millones de dólares en seguridad nacional. Asimismo, los estadounidenses han aceptado una expansión de los poderes del Gobierno sin precedentes y una invasión a su privacidad para prevenir tales ataques. De acuerdo con una nota publicada en la revista New America, 74 personas han sido asesinadas en Estados Unidos por terroristas desde el 11/9. Sin embargo, en ese mismo periodo más de 150.000 estadounidenses han perdido la vida en homicidios con armas de fuego y no hemos hecho nada al respecto.

Nuestra actitud parece ser de fatalismo. Otro día más, otro tiroteo masivo. Lo cual es casi literalmente cierto. La página web shootingtracker.com registra que en los primeros 207 días de 2015, Estados Unidos sufrió 207 tiroteos masivos. Actualmente, luego de que esto sucede, todo el mundo entra en un ritual de shock y horror y luego sigue con su vida, consciente de que nada cambiará y aceptando que eso es simplemente una de esas rarezas de la vida estadounidense. Pero son 150.000 muertes. Casi tres Vietnams.

Luego del incidente de la semana pasada en Lafayette, Luisiana, en el que John Houser asesinó a dos personas en una sala de cine antes de suicidarse, utilizando una arma de fuego que había obtenido legalmente a pesar de tener antecedentes psiquiátricos, el actual gobernador republicano y candidato presidencial Bobby Jindal apuntó con su dedo hacia lo que ahora se ha convertido en la explicación corriente para estos acontecimientos: “Miren, cada vez que esto sucede, parece ser que la persona posee una historia de enfermedad mental”.

Sin embargo, tiene poco sentido enfocarse en la salud mental de los agresores. Estados Unidos posee una tasa de homicidios por armas de fuego que es al menos una docena de veces mayor que la de la mayoría de otros países industrializados. Por ejemplo, es 50 veces más alta que la de Alemania. No tenemos 50 veces tantas personas con distorsiones mentales como Alemania, pero sí tenemos muchísimas más armas de fuego.

Por lo menos hemos dejado de echarle la culpa a los videojuegos de la violencia armada. Tal vez alguien ha notado que otros países poseen una gran violencia en su cultura pop, pero no tienen este tsunami de muertes por armas de fuego. Japón, por ejemplo, está consumido por videojuegos macabros y otras formas de entretenimiento sangriento. En 2008, Japón solo tuvo 11 muertes por armas de fuego, once. ¿Por qué? Pista: posee leyes estrictas del control de las armas de fuego.

Jindal ha al menos sugerido que los Estados cumplan o fortalezcan sus leyes para asegurarse de que las personas mentalmente inestables no puedan comprar armas, pero esto lo ha colocado en un lugar inaceptable frente al grupo de individuos que discuten acerca de los derechos para portar armas. La solución del exgobernador de Texas Rick Perry es reducir las pocas restricciones existentes sobre las armas, lo que, según él, hubiese permitido que los otros clientes del cine de Lafayette también estén armados, y por tanto hubiesen podido disparar al pistolero.

La idea de que la solución consista en un tiroteo masivo en cines oscuros y abarrotados de gente es tan peligrosa que debería descartar a Perry como candidato serio a la presidencia. Cuando, luego de un tiroteo masivo en el cine de Aurora (Colorado), se le preguntó a William Bratton, quien ahora ha sido jefe de Policía en tres de las principales ciudades estadounidenses, acerca de dichas propuestas, descartó la idea. La solución es obvia para él: “Necesitamos algo de sensatez en nuestras leyes acerca del control de armas (...)”.

Nos hemos acostumbrado tanto a los niveles catastróficos de violencia en nuestras ciudades que le restamos importancia. Con frecuencia la gente me pregunta si pienso que es seguro que viajen a países como Egipto y Marruecos. La realidad es que muchas ciudades principales de Estados Unidos poseen tasas de homicidio más altas que aquellas que se registran en lugares como El Cairo o Casablanca. Y vale la pena destacar que terroristas no islámicos, como en Charleston, Carolina del Sur, han matado casi dos veces más de lo que lo han hecho los yihadistas en Estados Unidos desde el 9/11.

En el despertar de esta tragedia en curso, en realidad hemos reducido las restricciones de la habilidad y facilidad con la cual las personas pueden comprar, ser dueños y llevar armas de fuego. Esto es en parte debido a que en junio de 2008 la Suprema Corte rompió con 200 años de precedente, en una decisión 5-4 escrita por el juez Antonin Scalia y creó un derecho individual para la propiedad de este tipo de artefactos de muerte, lo que ha hecho del otrora reglamento de las armas de fuego con sentido común mucho más difícil de controlar.

En su poderosa disconformidad sobre ese caso (Distrito de Columbia, Heller), el juez John Paul Stevens señaló que la opinión de Scalia era un acto de activismo judicial extremo, que durante dos siglos los tribunales federales habían reconocido que el Gobierno tenía el poder de regular la venta de las armas de fuego y que la Suprema Corte, en particular, había afirmado sistemáticamente por lo menos durante siete décadas esta interpretación. Esta determinación ciertamente no fue el destino que causó que 150.000 estadounidenses murieran en los últimos 14 años, fue producto de leyes, decisiones judiciales, cabildeos y políticos satisfechos. Podemos cambiarlo.

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