Columnistas

La traición

La Razón (Edición Impresa) / Con la punta de la aguja - Julieta Paredes Carvajal

01:00 / 26 de junio de 2016

La traición parece ser una señora que se dedica a lastimar a las personas y romper las confianzas en la vida y en la lucha. Pero en realidad es una relación dolorosa entre personas, en la que unas son las que confían y depositan hasta la vida en esa confianza; pero a otras les es indiferente, no les importa esa confianza, y por eso la pueden traicionar.

La traición política, la traición en el amor, la traición en la amistad son relaciones que me inspiran a la reflexión. El modelo para la traición es machista; los hombres inteligentes pueden engañar y traicionar a las mujeres que son las tontas. Es un patrón instaurado. Hasta se atreven a decir que no es muy grave si traicionan a una mujer porque ellas están acostumbradas a que se les traicione.

Por lo tanto, traicionar a un movimiento político tampoco es algo muy grave. Siempre es así, dicen; cada quien tiene sus intereses y los cuida, pues el cuerpo es mío, solamente mío, y las decisiones que tome nadie puede cuestionarlas... la sacra autonomía individualista, burguesa y despolitizada.

La traición es la misma, pues quien traiciona en la cama, traiciona en política, se traiciona a sí misma y traiciona en la lucha; pues la persona es una sola, no se puede ser de una manera para una cosa y de otra para otra. El patrón traición funciona siempre. Primero mis intereses, luego el de los demás.

Por eso, como feministas comunitarias planteamos la coherencia en la ética revolucionaria cuando hablamos de las relaciones machistas que nutren el sistema patriarcal. La traición es una forma de conducta machista, que pone el plus de la adrenalina que hace morbosa la relación con la persona o con el movimiento traicionados: “el gustito de poner cuernos”, que, como revolucionarias, no podemos sino denunciar y asquearnos de esas conductas y las conductas cómplices.

El feminismo comunitario no plantea que las personas seamos puras y que nunca podemos ser contradictorias; pero una cosa es tener contradicciones, y otra es la traición a una lucha, pues en la traición se hace escarnio de la confianza, se burla de la lucha y la militancia, y se debilita la unidad contra el sistema.

El sistema patriarcal promueve la traición, es uno de sus instrumentos. Mejor dicho, es su favorito, pues no necesita atacar desde afuera, corroe y pudre desde adentro, y el hedor transciende a la historia y nos debilita. ¿Puede un traidor reivindicarse? Puede que sí, más seguro, quién sabe. El cineasta Jorge Sanjinés diría: “que baile danzanti”.

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