Columnistas

La transformación productiva necesaria

La Razón (Edición Impresa) / Ciudad futura - Horst Grebe López

00:00 / 25 de agosto de 2019

A menos de dos meses de las próximas elecciones, la ausencia de debates sistemáticos sobre los principales problemas de la realidad nacional sigue siendo el rasgo predominante del momento; lo cual es tanto más extraño en vista de las nuevas tendencias políticas y económicas en el ámbito internacional, que colocarán con seguridad límites a las opciones del país en el futuro inmediato.

Sin ánimo de agotar los diversos temas que merecen una discusión nacional en forma, que no es lo que se reclama por supuesto para los debates entre los principales candidatos presidenciales, menciono a continuación tres cuestiones que considero de la mayor relevancia: la situación del sector hidrocarburos, la transformación productiva hacia una pauta de desarrollo sostenible, y la generación amplia de empleos de calidad.

El sector de hidrocarburos ha sido hasta ahora la principal fuente de ingresos fiscales para el Gobierno central, los gobiernos subnacionales y las universidades públicas, a partir de reservas probadas fehacientemente y contratos de exportación de gas natural a largo plazo. Ambas condiciones han perdido vigencia y ya no se pueden proyectar ni siquiera para el futuro inmediato. Las autoridades del sector ocultan esta información mediante artilugios retóricos y proyectos de dudosa materialización en el futuro. Lo que no se puede ocultar, en cambio, es que las importaciones de combustibles y lubricantes han alcanzado los $us 900 millones en el primer semestre, y que al final del año podrían superar en monto a las exportaciones totales de hidrocarburos, debido a la caída de sus cotizaciones internacionales y a los menores montos demandados por Argentina y Brasil. No hay duda alguna de que acá se precisa una reingeniería completa del sector como tal, así como de sus respectivas articulaciones con las cuentas macroeconómicas del país.

El claro debilitamiento del sector de hidrocarburos, en cuanto fuente principal de excedentes disponibles para el Estado, constituye ciertamente un estímulo importante para diversificar la canasta exportadora del país. Pero no parece una buena idea apuntar a la demanda insaciable de alimentos por parte de China, al costo de una ampliación descontrolada de la frontera agrícola en Santa Cruz y Beni. Basta ver la terrible calamidad de los actuales incendios para imaginar lo que sería una deforestación a gran escala en esos departamentos. Además, el repudio internacional sería inmediato.

La inserción internacional a partir de hidrocarburos, minerales y granos ha mostrado ya sus inconvenientes por la volatilidad de los precios y la dependencia externa que genera. Por consiguiente, el cambio del patrón de desarrollo tradicional se ha convertido en una necesidad impuesta por la propia realidad.

Es ahora cuando se necesita un diseño prolijo de la arquitectura institucional que debería conducir la sustitución gradual y ordenada del modelo primario-exportador y depredador de la naturaleza en dirección hacia un modelo económico productivo multisectorial, sostenido por el incremento constante de la productividad. Resulta imprescindible comprender que dicha transformación productiva constituye un proceso de largo plazo, que requiere de una gestión racional de la transición, apoyada por un sistema político de gobernabilidad concertada en términos transparentes.

El cambio del parque productivo implica ciertamente un cambio paralelo de las condiciones del empleo y el trabajo, lo que tendría que provenir de una recombinación de factores políticos, económicos y sociales, antes que por el efecto de grandes proyectos decididos verticalmente por el poder. La expectativa de la formalización auténtica del empleo proporcionaría un importante incentivo para aglutinar esfuerzos en las primeras etapas del proceso.

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