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Los tratados no son intangibles

La frase de que ‘los tratados son intangibles’ no corresponde con a la realidad jurídica internacional

La Razón / Walker San Miguel Rodríguez

00:11 / 30 de noviembre de 2012

El reciente fallo de la Corte Internacional de Justicia (CIJ), el 19 de noviembre, dentro la controversia planteada por Nicaragua contra Colombia, es una clara muestra de que el Derecho Internacional tiene diversos instrumentos para la resolución pacífica de controversias internacionales y que los tratados no tienen como característica la intangibilidad.

En dicho proceso Colombia mantenía el argumento de que el meridiano 82 era la frontera marítima con Nicaragua, porque así fue mencionado en el Acta de Canje del Tratado Esguerra-Bárcenas de 1928, y aunque la CIJ reconoce la validez de ese tratado, no le asigna, en cambio, valor al acta porque los Estados-parte “no tuvieron la intención de establecer una frontera marítima, sino la de señalar una línea de referencia territorial para aclarar que las islas al oriente son colombianas y las islas al occidente, nicaragüenses”.

Al asumir competencia para señalar el límite marítimo en este caso, la Corte de La Haya ha anticipado cuál ha de ser su criterio en el siguiente: el de Perú vs Chile.

Cuando se usó el término intangible respecto a un tratado internacional se quiso denotar que un instrumento de esta naturaleza no puede alterarse, y merece extraordinario respeto. Al dotarse el propio Derecho Internacional Público de mecanismos de resolución pacífica de controversias se supera con creces la pretendida intangibilidad y la mejor muestra de esta afirmación son precisamente las sentencias de la CIJ que, desde su creación, han permitido resolver conflictos entre Estados.

El Pacto de Bogotá (Tratado Americano de Soluciones Pacíficas del 30 de abril de 1948) constituye uno de los instrumentos que también ha permitido abrir la jurisdicción de la CIJ, siendo Nicaragua el país que más veces acudió a La Haya basándose en la competencia que las Estados-parte le asignan a la Corte para resolver pacíficamente sus controversias, generalmente con fuertes raíces históricas, que devienen de conflictos armados o que surgen de la interpretación o aplicación de los propios tratados.

El fallo de la CIJ fijando la frontera marítima entre Nicaragua y Colombia es, sin duda, un anticipo del criterio que adoptará en la disputa entre Perú y Chile por la delimitación marítima; aunque en este litigio la decisión de la CIJ no podrá ser “salomónica” dado que Chile pide que se mantenga el statu quo actual, mientras que el Perú demanda que la Corte fije una frontera marítima equidistante entre el paralelo y la bisectriz que toma como referencia un punto sobre la tierra.

Además de los mecanismos de la justicia internacional están los propios canales de la negociación, la mediación y el arbitraje que permiten resolver causas internacionales. Fue una negociación la que permitió que EEUU entregue el canal a la soberanía de Panamá (Tratados Torrijos-Carter de 1977); una mediación-arbitraje del papa Juan Pablo II que resolvió la disputa por el Canal del Beagle entre Argentina y Chile mediante un laudo (1980); y otro proceso de mediación, el que permitió a Perú y Ecuador resolver un conflicto fronterizo que estaba a punto de generar una conflagración bélica (1995).

Hoy mismo estamos asistiendo a un nuevo escenario de controversias por la decisión de Colombia de retirarse del Pacto de Bogotá, que ya depositó la nota de denuncia ante la OEA.

Por tanto, la frase de que “los tratados son intangibles” no se corresponde a la realidad jurídica internacional; más aún cuando es utilizada por Chile para negar una causa tan potente como es el asunto pendiente que tiene con Bolivia y que se arrastra desde hace más de una centuria, precisamente el acceso soberano al Pacífico del que nuestro país fue privado porque Chile desconoció arbitrariamente el Tratado de Límites de 1874, firmado entre Carlos Walker Martínez por Chile y Mariano Baptista por Bolivia, y optó por la guerra.

Los tratados que resuelven disputas se cumplen en el marco de los principios de paz y equidad internacionales. Los Estados requieren cooperación recíproca, acceso a los recursos del planeta sin restricciones odiosas y sin la amenaza del uso de la fuerza militar. Bolivia es un país pacífico, no agresor, y exige al concierto internacional una solución a su injusto enclaustramiento.

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