Columnistas

La tregua de largo aliento

Egipto es el gran ganador luego de consolidarse como el intermediario privilegiado entre Hamas e Israel

La Razón (Edición Impresa) / Contrabajeando - Pablo Rossell Arce

00:40 / 31 de agosto de 2014

Cuando parecía que Israel estaba con la predisposición para atacar Gaza indefinidamente y, como contrapartida, Hamas estaba con la predisposición de disparar cohetes contra Israel también indefinidamente, nos llega la grata noticia de la tregua “indefinida” entre Israel y Hamas, orquestada hábilmente por el presidente egipcio, Abdel Fattah al-Sisi. Como era de esperar, ambos bandos dispararon hasta el último minuto antes de la vigencia de la tregua. Y también, como era de esperar, al minuto siguiente luego de la tregua ambos bandos declararon categóricamente que habían logrado la victoria. No obstante, puede que las cosas no sean tan así.

En todo caso, Al-Sisi puede considerarse el mayor ganador de esta contienda, pues logró lo que el resistido John Kerry no pudo: una tregua. Punto en contra para el enviado de Obama; y punto en contra para Estados Unidos, que no pudo actuar de árbitro —mucho menos de juez— en esta contienda.Hamas también se considera ganador y, en parte, puede ser cierto. A diferencia de otras ocasiones, su capacidad de resistencia ha sido durable, ha demostrado un poder de fuego que ya no se reduce a los cohetes y bombas artesanales del pasado y ha logrado mantener durante semanas una lucha desigual con uno de los ejércitos más poderosos del mundo. Asimismo, en tanto escudo protector y brazo armado de la resistencia antiisraelí, Hamas sin duda ha logrado incrementar su apoyo entre la población de Gaza.

¿Y qué pasa con Israel? En conjunto, “Israel” no ha ganado. Definitivamente, Netanyahu ha salido como un perdedor en esta contienda, a pesar de que, luego de casi dos meses de conflicto, haya conseguido destruir una cantidad importante de túneles usados por Hamas, a pesar de que la cantidad de bajas civiles y militares israelitas son casi insignificantes en comparación a las palestinas, y a pesar de haber eliminado a tres altos miembros del estado mayor de Hamas, con un certero bombazo. Netanyahu sale debilitado del conflicto, con un 38% de aprobación popular, que al inicio de esta miniguerra estaba en 82%.

¿Y en favor de quién, exactamente, perdió Netanyahu? Pues en favor de la derecha más radical de Israel; los líderes de la ultraderecha israelita están locos de contentos, pues han logrado convencer mayoritariamente a la población de que la campaña militar de Netanyahu ha sido demasiado suave con Hamas y que, no habiendo logrado el objetivo de eliminar al grupo guerrillero, la seguridad de Israel está en constante peligro; de esa manera, logran apoyo popular para una agenda aún más beligerante y agresiva en contra de Palestina.

Veamos ahora más de cerca los matices: ninguno de los dos bandos hubiera aceptado una tregua si no estuvieran al límite de sus posibilidades, justamente por la naturaleza del conflicto: un Ejército regular contra una guerrilla muy bien preparada y equipada para resistir un asedio duradero, siempre y cuando éste no sea indefinido, pues.

Hamas, por su lado, puede seguir peleando una guerra infinita para acabar con Israel, pero lo cierto es que, de todos modos, sus condiciones materiales de inferioridad hacen imposible que sin un escalamiento del conflicto a nivel interestatal (cosa imposible en las actuales condiciones) logre algún resultado concreto.

Egipto es, pues, el gran ganador luego de consolidarse como el intermediario privilegiado entre Hamas e Israel; la otra cara de la moneda muestra a EEUU como perdedor neto, justo en favor de Egipto. Pero los perdedores más afectados son las y los familiares de las más de 2.000 víctimas palestinas del conflicto.

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