Columnistas

El tren y la Isla de la Fantasía

Para nosotros, este proyecto es una movida sociopolítica  gigantesca de efectos imprevisibles

La Razón (Edición Impresa) / Gabriela Ichaso Elcuaz

00:01 / 23 de abril de 2015

El anuncio del presidente Evo Morales, días antes de las elecciones subnacionales, sobre el proyecto nacional de construir un tren metropolitano y un tranvía, o tren urbano, en la ciudad de Santa Cruz no es un hecho aislado, tal como se reflejó en los titulares noticiosos. Ocurre tiempo después de que el grupo empresarial Lafuente, presidido por el exdiputado cruceño Julio Novillo La Fuente, diera a conocer una inversión multimillonaria de varias firmas asociadas a la compañía estatal surcoreana LH, para construir, en un futuro más próximo que lejano, “la primera ciudad inteligente de Bolivia: Nueva Santa Cruz”.Esta nueva ciudad se ubicaría detrás del aeropuerto internacional de Viru Viru, en el municipio de Warnes, al igual que el Parque Industrial Latinoamericano, el más grande del país con una inversión privada de $us 180 millones, y la flamante Planta Termoeléctrica en construcción, otra inversión del Gobierno nacional de $us 170 millones.

¿Cuál va a ser el impacto medioambiental y regional y cuál la jugada política de todo este movimiento territorial y económico, a pocos kilómetros de la ciudad más poblada de Bolivia? Hasta el momento, ninguna autoridad gubernamental (ni nacional, departamental o local) ni ninguna entidad cruceña, pública o privada, ha hecho mayor comentario sobre este proyecto, que para nosotros es una movida sociopolítica gigantesca de efectos imprevisibles.

Los datos expuestos en el video promocional del Grupo Lafuente son sorprendentes y dejan casi sin aliento. Este grupo empresarial ha urbanizado 100.000 hectáreas con 22 proyectos, tiene un patrimonio de $us 270 millones y sus ingresos en 2014 alcanzaron los $us 100 millones (el equivalente a poco menos del 50% del presupuesto municipal de la capital cruceña). La Nueva Santa Cruz se asemeja a una Isla de la Fantasía en el centro de un país como Bolivia, donde los ricos invierten en mares privados artificiales y la pobreza lo ubica entre los de menor índice de desarrollo humano del continente. Esta iniciativa, de 6.000 hectáreas (ha) de extensión, proyecta construir una área residencial para 150.000 familias (3.100 ha); 500 hectáreas para negocios y comercios, con capacidad para 10.000 empresas; y 2.400 ha de infraestructura urbana. La inversión y los ingresos estimados se calculan en $us 2.500 millones y $us 3.800 millones, respectivamente; y una inversión de $us 24.000 millones requerida para edificaciones, con una oportunidad de retorno del 30%. ¿El estupor les dejó en una pieza?

Mientras se entretienen o espantan la imaginación, es de esperar que alguien analice cómo será la historia de aquel lugar en 2025, ya que el tren anunciado por el presidente Evo Morales empezará a transitar precisamente allí donde se prevé construir el proyecto de marras, y sus otras cuatro paradas, entre Montero y Santa Cruz de la Sierra, seis años antes, en 2019.

Bolivia cuenta con cientos de municipios que precisan ser apoyados por dos motivos fundamentales. El primero es que existen, son pequeños o medianos conglomerados humanos habitados en territorios y culturas propias. En segundo lugar, el problema de la urbanización, que aqueja a las principales capitales latinoamericanas, ya es un realidad explosiva en el eje central del país, y tendríamos que aprender de las buenas experiencias europeas, donde por ejemplo los centros urbanos son pequeños, múltiples y cuentan con todas las comodidades y servicios necesarios para una buena calidad de vida, sin necesidad de migrar a las grandes ciudades.

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