Columnistas

La última bandeja

Las bandejas desechables de jamón curado en lonchas y embutidos varios son, sin duda, uno de los alimentos procesados más frecuentes en el equipaje del viajero ibérico.

La Razón / Jorge Albuixech

02:30 / 26 de diciembre de 2011

Siguiendo esta ancestral y carnívora costumbre, transporté hacia tierras africanas una surtida muestra de embutidos convenientemente envasados al vacío y bien adobados con todo tipo de conservantes.

La mayor parte del surtido fue desapareciendo discretamente durante las largas noches africanas. Las bandejas aún no significaban nada para mí. La última bandeja, pero no por ello la peor, la degusté en las calles de Bahar Dar (Etiopía). Compartí aquellas finísimas lonchas de jamón, en este caso ibérico, con mi guía local mientras me echaba una mano con la mudanza.

Una vez consumida la última loncha busqué con la habitual inercia occidental una papelera, una tarea nada fácil en el África Subsahariana, donde poco o nada se descarta antes de ser reutilizado numerosas ocasiones. Sin embargo, y para mi sorpresa, a pocos metros de distancia apareció, como por arte de magia, una papelera. Una de mis primeras papeleras en África. Una sucia y rebosante papelera. Me dispuse a utilizarla. Tras situar estratégicamente la bandeja desechable, para evitar que aquel castillo de naipes hecho con desechos de los desechos se desplomara, proseguí mi camino. A los pocos minutos recordé que debía sacar dinero para pagar el alquiler y volví sobre mis pasos. La papelera permanecía allí, repleta y desafiante, pero la bandeja había emigrado. Un niño de apenas tres años caminaba descalzo y semidesnudo, feliz con su nuevo tesoro. El niño chupaba incesantemente la bandeja intentando adivinar qué extraño alimento había contenido ese plateado envase del primer mundo. Ni qué decir tiene que aquello que nosotros rechazamos, esos pedacitos de grasa o diminutos fragmentos que se salvaron de nuestra gula adhiriéndose al envase, fueron muy bien recibidos por el estómago del niño. La bandeja relucía más plateada que de costumbre. Lejos, demasiado lejos, su madre yacía en la calle, mendigando, entre harapos. El jamón ingerido se hizo de repente más y más pesado en mi estómago occidental, pero seguí mi camino.

El cajero automático estaba a la vuelta de la esquina. Su límite de extracción estipulado eran 5.000 Birr, el equivalente a unos 200 €, no demasiado. Dicho límite respondía a razones meramente técnicas, no caben más de 5.000 Birr en billetes de 100 por la ranura del cajero, de unos dos centímetros. La última bandeja desechable de jamón ibérico tuvo una anchura similar cuando aún contenía lonchas.

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4
5 6 7 8 9 10 11
12 13 14 15 16 17 18
19 20 21 22 23 24 25
26 27 28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia