Columnistas

La utilidad de un título bonito

Quienes vivimos en Ciudad Maravillosa deberíamos dejar de botar nuestra basura en las calles

La Razón (Edición Impresa) / Freddy Morales

02:08 / 13 de diciembre de 2014

Ya está. La Paz ha sido declarada ciudad maravillosa, un título del que todos quienes vivimos aquí nos enorgullecemos y no dudo que pasa lo mismo con el resto de los bolivianos. No es poca cosa vivir en un país que tiene una de las siete ciudades maravillas del mundo.

Soy de los que voté y animé a votar por el título, a sabiendas de que no es lo más cómodo votar por uno mismo y que, normalmente, los premios se obtienen con base en méritos. Pero la idea me atraía por dos motivos: porque cada día me admiro con la extraña belleza de la ciudad y porque un buen piropo no le cae mal a nadie y puede servir para que uno se esfuerce por merecerlo.

Por ejemplo, podría servir para que la Alcaldía no deje los escombros de sus obras durante semanas dispersas por aceras y calles. De igual manera, después de provocar molestias a peatones y al tráfico de vehículos, cuando la municipalidad concluya esos canalitos para escurrir el agua en los extremos de las calzadas, inmediatamente no empiece a picarlos para nuevamente rehacerlos. Además, sin ninguna explicación sobre si se hizo mal y si fue así, quién asume el costo del error. Y que las zanjas que cruzan las calles por tuberías de agua o gas, o lo que sea, no queden a medio tapar indefinidamente, como en las de la plaza triangular en Miraflores.

También podría servir para que la Policía deje de ocupar y adueñarse de espacios públicos. Ahí está el caso de toda una calle que ocupó y ahora forma parte de sus predios, la ubicada en un extremo del barrio de Sopocachi, donde están las instalaciones de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Narcotráfico (FELCN). Toda la calle fue acaparada por la Policía para utilizarla como depósito de vehículos incautados a acusados de narcotráfico. Una calle de la ciudad, con una hermosa vista hacia la zona Sur y al imponente Illimani, ahora utilizada como depósito de chatarra.

Sería mucho más maravillosa si hubiese poder humano que persuada a los conductores de vehículos, especialmente de radiotaxis, taxis, minibuses y buses, a respetar la reglas de tránsito, los semáforos, a evitar tanto abuso de la bocina y tener un poquito más de consideración con los peatones.

El título podría servir para que la frase de “barrio seguro” deje de ser solo un eslogan. Para no ir lejos, en los cafés asentados en inmediaciones de la plaza Abaroa de Sopocachi, importante centro turístico, impresiona cómo se roba. Y nadie sabe ni ve nada. Es como si hubiese un pacto para que así ocurra.

Podría servir, además, para que los relojes colocados en la vía pública funcionen. Se supone que las empresas que los patrocinan tienen un acuerdo con el Gobierno Municipal para colocarlos en equis sitio con propaganda a cambio de la hora. Sin embargo, sucede que se queda la propaganda a cambio de nada.

Quienes vivimos en la Ciudad Maravillosa deberíamos dejar de botar nuestra basura en las calles; nada de papelitos, ni cascaritas; sacar las bolsas de desechos a la hora que pasa el carro basurero; y no convertir sus calles y avenidas en urinarios, ensordecedores bares o salones de baile. Hasta aquí no se pide nada extraordinario, solo hacer lo que estipulan las normas municipales, y para ello no se precisa de un gasto extraordinario. Y qué bonito sería que fuese una costumbre saludar; y si no es pedir demasiado, que te respondan el saludo.

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