Columnistas

La vacuidad del No

El No obra solo en el marco de la imposibilidad de la oposición para ganar una elección presidencial

La Razón (Edición Impresa) / Pablo Javier Deheza

03:25 / 24 de noviembre de 2015

Hasta el presente, existen tres grandes líneas argumentales en que se enmarcan quienes se oponen a la modificación de la CPE para permitir que los dos primeros mandatarios del país puedan presentarse a una segunda reelección. Estas son: que es inconstitucional; que es algo antidemocrático; que acabará derivando en una dictadura.

De las tres razones, la de la inconstitucionalidad es la más débil. Sucede todo lo contrario: el referéndum es un logro histórico del pueblo boliviano que hoy está plenamente reconocido en la CPE. La clase política neoliberal —compuesta, tanto por la derecha tradicional como la izquierda privatizadora, ambas sumisas al capital transnacional—, sigue manteniendo al presente su desprecio por esta forma de consulta democrática.

Y es que en verdad siempre sentirán como inconstitucional, toda forma de consulta genuina al pueblo, porque al ser una clase política oligárquica siguen añorando un marco constitucional que les permita arreglos entre cuatro paredes y al margen de la voluntad popular, tal como lo hicieron históricamente. Gracias al pueblo boliviano esta vez sí habrá referéndum y serán los votos los que definirán si se modifica la CPE y ya no el viejo cuoteo neoliberal.

La oposición argumenta que este referéndum es antidemocrático. En realidad, cualquier cosa que no les sirva para volver a detentar el poder es calificado por ellos de esa manera. Es muy simple ver cómo llegan a esta conclusión: parten de la premisa de que en una democracia todos deberían poder llegar al poder; luego se enfrentan con la realidad de que en las urnas no pueden ganar una elección presidencial; concluyen por lo tanto que no vivimos en régimen democrático. En este sencillo y burdo silogismo se sintetiza la comprensión utilitarista que tiene la oposición de lo que es la democracia. Esto pone además de manifiesto el zafarrancho mental por el que pasa, dado que se plantea este referéndum como si ya se tratase de una votación sobre la permanencia o no del presidente Evo Morales en el gobierno; lo cierto es que está en juego una modificación a la CPE y en esto no hay candidaturas de por medio. En rigor, es insostenible la idea de que un referéndum es antidemocrático en Bolivia, cuando es más bien una conquista popular. La afirmación de que la continuidad de Evo Morales en el gobierno derivará inevitablemente en una dictadura es algo más propio de la superstición que de la evidencia real. Sería una dictadura muy extraña entonces aquella que está en permanente contacto y diálogo con la base social boliviana; que representa el más grande proceso histórico en Bolivia para la inclusión política económica y social de las clases marginadas y oprimidas; cuyos resultados en todos estos campos no tienen parangón con nada de lo anterior; donde hoy mujeres, indígenas, jóvenes y otros grupos sensibles de la sociedad sí tienen espacios de representación real como nunca antes y que cada vez se amplían más.

La mentada posibilidad de alternancia está garantizada mediante elecciones que se dan en nuestro país de manera periódica y democrática. Lo dictatorial aquí es que la oposición no busca ganar legítimamente, sino anulando en mesa la posibilidad de que el pueblo elija libremente.

En síntesis, el No es vacío y carece de sustento argumentativo real; obra solo en el marco de la imposibilidad de la oposición para ganar una elección presidencial en las actuales condiciones. Busca forzar un walk-over, para ponerlo en una metáfora deportiva, porque solo mediante esa trampa a la voluntad popular tendría quizás alguna oportunidad. Para ello, claro, la democracia de verdad les sale sobrando.

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