Columnistas

El valor económico de nuestra cultura

Nuestros vecinos ven en nuestra cultura una oportunidad de ganancia económica

La Razón (Edición Impresa) / Carlos Ernesto Ichuta Nina

00:01 / 09 de abril de 2015

Permítaseme iniciar este artículo relatando un incidente personal. El pasado 28 de enero, en el influyente programa El Mañanero, emitido en señal abierta por Foro Tv (un canal de televisión mexicano), fue presentado un video de 20 segundos en el cual se podían apreciar en tomas consecutivas a diablos, caporales y waca tokoris bailando espectacularmente. Pero al pie de las imágenes aparecía la leyenda: “Fiesta de la Candelaria Puno-Perú”. Esta experiencia, que podía haber quedado como una frustrante anécdota, concluyó funestamente cuando más tarde una conocida nos abordó con la siguiente pregunta: “¿Oye? ¿Cuesta mucho viajar a Perú?”. Y ante nuestros lógicos cuestionamientos concluyó: “Es que me dieron ganas de conocer Puno, porque vi que allá se hace una fiesta que parece que está bien padre”.

Además de que ese hecho nos confirmara el poder de influencia que podría llegar a tener la televisión, nos mostró otros dos aspectos importantes. Primero, que a pesar de los favores obtenidos en letras chiquitas, las gestiones que nuestras autoridades realizaron ante la Unesco para que aquella fiesta no fuera declarada patrimonio de la humanidad han fracasado; y segundo, que si el hecho narrado se multiplicase por miles, repercutía seriamente en la economía de nuestro país, ávido por encontrar fuentes alternativas al extractivismo. Y es que, mientras que en torno a nuestras prácticas culturales nosotros nos enfrascamos en discusiones que identifican en algunas de ellas a la razón de nuestro retraso, y en su defensa como la manifestación de un acto de patrioterismo o chauvinismo, nuestros vecinos, con el olfato de quienes históricamente nos usurparon, ven en nuestra cultura una oportunidad de ganancia económica; como nuestros artistas cuando se dan a la tarea de vender su arte y que en el caso de los grupos folklóricos visten incluso estratégicamente su arte como “música andina”, para generar empatía y ampliar sus réditos en países vecinos.

Sin embargo, en un tiempo en el cual la identidad se convierte en un asunto de disputa, esa actitud proporciona mayores argumentos a aquellos que en franca acción de despojo ocupan las redes sociales, como YouTube, para reclamar lo nuestro como suyo. En ese sentido, así como en términos sociales las identidades deben clausurarse operativamente para afirmar su unidad y su diferencia, en un mundo globalizado en donde nuestros vecinos compiten con base en un modelo de libre mercado, nuestras autoridades deberían definir del mismo modo un modelo económico adecuado a nuestra cultura para protegerla y mostrarla al mundo.

Ello porque, según datos de la CEPAL, países cuya cultura no sufre amenazas de despojo muestran una pujante industria turística, que aporta destacadamente al PIB, como en Brasil (8,6%) o México (12%). En cambio Perú (5%) se encuentra compitiendo cercanamente con Bolivia (4,5%), solo que a diferencia de las facilidades que otorga contar con una costa marítima, los gobiernos peruanos han venido mostrando una gran capacidad de aprovechamiento de su industria sin chimenea, poniendo a la ciudad de Cuzco en la vanguardia de los grandes complejos turísticos, con una infraestructura envidiable.

Nuestra cultura representa, por tanto, una oportunidad económica y ello debe ser concienciado más allá de los complejos racistas, clasistas y pseudoanticapitalistas. Para ello hace falta un modelo que legitime su valor económico y acorde con la redistribución de su riqueza y no su privatización, ya que nuestra incipiente industria turística se encuentra en manos privadas, muestra de lo cual son Copacabana y la Isla del Sol, en donde tanto la comodidad como la pobreza son vendidas al mismo precio como una lasaña y un sándwich de palta.               

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