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¡Lo que no se ve!

Si no se lo atiende,  el alcantarillado de la urbe paceña podría eclosionar en cualquier momento

La Razón / Patricia Vargas

00:42 / 30 de mayo de 2013

Cuando se piensa en los subterráneos y las alcantarillas de las grandes metrópolis, la memoria nos recuerda series o historias fílmicas que muestran una especie de inframundo en esos enormes subsuelos de control sanitario. Sin embargo, lo imaginario de todo aquello hace que escribir sobre “lo que no se ve” en las ciudades sea algo menos usual y quizás singular.

En los últimos años, La Paz está siendo testigo de la construcción de un gran número de edificios, cuyas alturas van de seis a más de 30 plantas. Estos bloques, independientemente de contar con una capacidad importante de departamentos, oficinas y demás espacios funcionales, requieren —una vez culminadas las obras— instalaciones sanitarias que estén conectadas con las redes de alcantarillado externo (calles o avenidas) y de agua potable. Distintos escritos publican estudios al respecto, empero, poco se conoce sobre los planes y programas referidos a la reposición de conexiones de alcantarillado sanitario. Esto, incluso sabiendo que muchos de los tubos colectores aparentemente han cumplido su vida útil (calculada, según los expertos, entre 25 y 30 años).

La situación del centro urbano paceño debiera ser de gran preocupación, ya que, por una parte, en su eje troncal (Av. Mariscal Santa Cruz y adyacentes) hace prácticamente cuatro décadas que se cambió el sistema de la red de alcantarillado, y por otra, se sigue construyendo, conectando o descargando aguas servidas al alcantarillado antiguo,  que respondía a la dimensión urbana de esos momentos. Lo preocupante es que ese trabajo parece no ser prioritario o no cuenta con el apoyo decidido de las reparticiones técnicas encargadas de aquello. Posiblemente, porque no es fácil la obtención de recursos para invertir en “lo que no se ve”, pues no redunda en prestigio.

No obstante, la realidad es que hoy  ya se sienten olores desagradables en ciertas calles o avenidas, los cuales debieran comenzar a llamar la atención, ya que anuncian que allí algo está sucediendo. Ojalá se tenga planeado cómo encarar ese serio problema, ya que algunos expertos señalan que los colectores de ciertos espacios públicos ya han colapsado, debido a que sobrepasaron su capacidad de evacuación. Parece necesario impulsar los nuevos planes y proyectos de infraestructura sanitaria que se realizaron en los últimos años, destinando un fondo económico, tanto para la tarea de reposiciones como para la ejecución de nuevas redes; empezando, por ejemplo, en los barrios más antiguos de La Paz. Una necesidad y responsabilidad del presente.

Ahora bien, es evidente que “lo que no se ve” siempre encuentra motivos de espera. Empero, si no se lo atiende, el alcantarillado podría eclosionar en cualquier momento. Por ello, está de más recordar que la infraestructura sanitaria en toda urbe es primordial no sólo porque forma parte de la construcción y crecimiento de cada ciudad, sino porque contribuye a la buena salud de la población.

A propósito de este tema, fue la Roma antigua que, con su propuesta de recolectores, no sólo cambió las ciudades y la vida de los habitantes, sino que también se convirtió en una de las maravillas de la ingeniería.

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