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Lo que no se ve

En el cacho había una norma de honor: lo que se ve se anota, sin atenuantes ni discusiones

La Razón (Edición Impresa) / Édgar Arandia

00:03 / 24 de enero de 2016

Entre los juegos populares del siglo pasado estaba el cacho. Ejércitos de empleados públicos y privados, cada fin de semana, hacían sonar los dados en los miles de boliches legales y clandestinos de La Paz. Era una manera de reunirse y pasar los calores de la semana o simplemente divertirse hablando “huevadas” del Gobierno, del clásico o de alguna aventura que lo dejó flaco y cantando boleros agudos al amigo manguero. Tengo entendido que ahora este juego se lo practica muy poco, pues los jóvenes de ahora prefieren chatear mientras liban junto a su enamorada (o chica, asadito, o huesito, como se decía entonces).

De regreso al cacho, en este juego había una norma de honor: lo que se ve se anota, sin atenuantes ni discusiones; y esta conducta servía como un pacto de caballeros entre los jugadores que embotados por tanto tucsillo (de dudosa progenie) todavía eran capaces de hacer una suma de tres cifras sin ver otra cosa. Cuando las cuentas empezaban a variar y a originar discusiones peligrosas, alguien se ponía a cantar y todo quedaba sin ríos de cheva frívolas corriendo entre las mesas y vasos rotos, cuya consecuencia era ir al purgatorio de la Av. Pando, lugar donde está ubicada una carceleta, hasta el día de hoy, para los revoltosos de fin de semana. Entonces, las esposas se llamaban entre ellas por la tardanza del marido y ubicaban a los “inficionadores” que tenían que mentir diciendo que el compadre Come Gato había realizado un viaje de improviso a Cobija. Ellas ya sabían de qué se trataba y llevaban a la carceleta marraqueta con café destilado humeante y la multa por “faltamiento y respeto a to autoredad”; pero eso sí, lo que se ve, se anota.

Así, las autoridades de gobierno no revelan sus principales logros, que no se ven y que prueban que Bolivia sí ha cambiado. No sabemos por qué lo hacen, tal vez piensan que mostrar obras mastodónticas que “dentran por los ojos”, como dice mi compadre Teo, es suficiente aliciente para captar votos. En tanto, la oposición solo tiene al Fondo Indígena como ejemplo de malos manejos, pero no ve más allá del referéndum.

Según un último informe del PNUD, Bolivia está sumergida en el desarrollo humano medio: “En Bolivia, Brasil y Camboya el crecimiento del consumo para el 40% más pobre ha sido más rápido que para la población en su conjunto”, escriben los investigadores de esta agencia de la ONU. Este dato ayuda a entender por qué en el IDH mundial Bolivia, conjuntamente con Uruguay, encabeza la lista de los países con mayor reducción de la desigualdad, medida por el índice de Gini, que en el país se redujo en 3,5% entre 2008 y 2012.

Este resultado positivo en el campo de la igualdad económica también encuentra su corolario en el ámbito de la “participación de las personas vulnerables en el proceso político. Un caso ilustrativo fue la transición democrática pacífica que tuvo lugar en Bolivia. En otra sección del informe, dedicada a la prevención y recuperación ante conflictos, los autores indican que “países tan diversos como Bolivia, Kenia, Nepal, Perú, Kirguistán, Timor-Leste y Togo han invertido en medidas para desarrollar la confianza, colaborar y promover el diálogo mediante intermediarios creíbles e infraestructuras de paz. Gracias a estas medidas se han obtenido resultados positivos, como elecciones pacíficas, menos conflictos relacionados con la tierra y los recursos naturales, y reducción de las tensiones entre grupos”.

El Informe mundial sobre Desarrollo Humano (IDH) 2014, titulado Sostener el progreso humano: reducir vulnerabilidades y construir resiliencia, presenta a Bolivia como la nación que registra la mayor reducción de pobreza en la región (32% entre 2000 y 2012). Pero el país también es vulnerable, ya que el 16% de su población salió de la pobreza sin lograr consolidarse en el estrato medio, y ésa es una tarea que debe continuarse, sin tregua.

Lo cierto es que, para mí —pésimo para traducir cuadros porcentuales—, el día en que los hospitales y cárceles no estén atiborrados de personas, como ahora, habremos llegado a un punto en el que los espacios para educación y capacitación ya no faltarán, para nuestro bien. Y de esa manera los cambios entrarán por los ojos.

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