Columnistas

Un vejamen perpetuo

No hay por qué seguir haciendo del fútbol la religión que fanatiza al punto de enceguecer a las masas

La Razón (Edición Impresa) / Grover Cardozo

00:00 / 16 de julio de 2014

Horror! ¡Estupor! Eso es lo que sintieron los hinchas brasileños al ver, incrédulos y estupefactos, la facilidad con la que se deslizaba el balón en el pórtico de la canarinha, el día de la goleada. Los angustiados rostros transmitidos por la televisión nos remitieron a un momento de dolor y desesperación solo comparable al que sufrieron los habitantes de Nueva York cuando presenciaron la caída de las Torres Gemelas.

No era para menos. La torcida brasileña no podía creer lo que tenía ante sus ojos, y era así por la imagen que se había formado el mundo en 80  años de reinado del fútbol brasileño, con cinco títulos mundiales y el mejor prestigio como potencia futbolística entre todas las selecciones del orbe.

La catástrofe llevó a la prensa brasileña a abrir sus portadas con tristes titulares. La influyente Folha do Sao Paulo dijo: “Selección sufre la peor derrota de su historia”. El Correo Brasiliense: “Un vejamen para la eternidad”. El periódico Ahora: “Sueño de la hexa cambia por pesadilla” y el popular O Globo con un titular más suave pero muy sugerente: “Sin Neymar, Felipao esconde el juego”.

Quizá lo único que resta decir es que en el mundo en que vivimos todo cambia, y tenía que llegar algún momento en el que la realidad se encargue de decirle al pueblo brasileño: nada es eterno y no hay por qué seguir haciendo del fútbol la religión que deslumbra y fanatiza al punto de enceguecer a las masas. El sufrimiento no solo fue para los brasileños, sino también para los latinoamericanos en general, porque ni duda cabe que el fútbol de ese país siempre fue uno de los referentes gloriosos de toda la región.

Ya desde el principio del torneo los entendidos en fútbol afirmaban que Brasil no estaba para grandes glorias, pero a ninguno de ellos se le ocurrió pensar en semejante hecatombe. Durante décadas los brasileños demostraron un gran fútbol y el mundo empezó a endiosarlos como lo mais grande do mundo. Ese no fue el gran pecado, sino que ellos mismos empezaron a creer esa edulcorada historia, de que con cinco campeonatos y muchas otras glorias estaban destinados a mantenerse en la cima del mundo por los siglos de los siglos.

Una hecatombe como la sufrida no se disipará en días o semanas, sino que arrastrará secuelas de orden político y social. Urge un acto de reflexión en torno a un extremo que no es bueno para ninguna sociedad: “vivimos por el fútbol, para el fútbol y por el fútbol”. Tengan el color u orientación que tengan, los fanatismos fanatismos son, y el primer efecto que tendrá esta caída es que los brasileños empezarán a desmitificar el fútbol y sobre todo a sus futbolistas.

Es abogado y comunicador social.

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