Columnistas

Tras el velo

Fue un gobierno de las expectativas, ahora es uno más bien conservador y hasta reaccionario

La Razón / Gustavo Luna

01:01 / 22 de diciembre de 2011

Este año se descorrieron los velos para ver el rostro de quién nos gobierna. Ahora mucha gente ve un semblante adusto y tenso; sus facciones rígidas ya no pueden articular pantomima alguna para disimular lo que detrás suyo acontece. El 2011 fue el año del viento que disipó esa densa humareda que no permitía ver claramente lo que Evo Morales y su troupe se traen entre manos. Y no fue una brisa; fue un ventarrón que vino desde la sociedad, desde las organizaciones indígenas de tierras bajas y de alguna base obrera no tan fiel a las burocracias sindicales. 

Aún queda bruma por disipar. El gobierno de Evo Morales es un acontecimiento difícil de explicar. No es el fin de un proceso, sino que representa una transición y el inicio de algo. Fue un gobierno de las expectativas, ahora es uno más bien conservador, y hasta reaccionario. Pero todos estos adjetivos traen consigo muchas implicaciones.

De las expectativas se puede decir que no todas eran iguales; sin duda se deseaba un cambio, pero los que se plegaron rápidamente al gobierno emergente querían un cambio de élites, mientras la gran mayoría deseaba un cambio más profundo, que llegue hasta su vida cotidiana, a su estómago, a su trabajo. Pues, Evo Morales y Álvaro García Linera se dieron a la tarea de hacer cumplir ese cambio… de élites. Ahora tenemos en el poder también a pequeños capitalistas (cocaleros y campesinos con tierras que contratan mano de obra) que acompañan a esa clase media intelectual “progresista” que se intoxica de poder, dispuestos a dejar las cosas como están.

Por ello, justamente, son conservadores. De su emancipación verbal en clave “revolucionaria”, en dos años se dieron a la tarea de desmontar todo su discurso con acciones contundentes. Se acercaron a los agroindustriales del oriente, consolidaron su alianza con sus socias transnacionales y repartieron prebendas por doquier para su clientela política.

De paso, castigaron a los trabajadores asalariados con incrementos que distan mucho del aumento de la canasta de alimentos, intentaron nivelar los precios de la gasolina y el diésel, poniendo el peso en los bolsillos de la gente para favorecer/incentivar la inversión privada en el sector hidrocarburos, e intentan avasallar los derechos de los pueblos indígenas sobre sus territorios (reconocidos en la CPE diseñada por el propio Gobierno) para favorecer a proyectos de integración regional del big brother brasileño y a una turba de colonos y cocaleros con hambre de tierra.

Y es reaccionario porque ejerce todo el peso de la represión contra la población que expresa su desacuerdo, su crítica y que defiende sus derechos. La represión contra los indígenas del TIPNIS o contra las marchas de trabajadores por un mejor salario refleja que es preciso ahogar todo “vicio” de  insurgencia, porque se puede multiplicar. Y así estamos preparados para el 2012.

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