Columnistas

Los verdaderos apostadores de Irán

Hay una diferencia muy grande entre EEUU y el resto del mundo respecto a las sanciones contra Irán

La Razón (Edición Impresa) / Fareed Zakaria

02:00 / 22 de agosto de 2015

Imaginemos que los opositores al acuerdo nuclear alcanzado en Viena entre Irán y las seis grandes potencias mundiales (Estados Unidos, China, Francia, Reino Unido, Rusia y Alemania) se salen con la suya. El Congreso de Estados Unidos lo detiene. ¿Cuál es la consecuencia más probable? Dentro de un año, Irán tendría más de 25.000 centrifugadoras, el tiempo para que pueda fabricar una bomba atómica se reduciría a simplemente semanas, y las sanciones contra el país persa se derrumbarían. ¿Cómo favorecería todo esto a los intereses de Estados Unidos? ¿O de Israel? ¿O de Arabia Saudita?

Este no es un escenario inverosímil, está basado en hechos. En 2005, tres potencias europeas rechazaron el acuerdo nuclear con Irán luego de dos años de negociaciones. Hassan Rouhani, ahora presidente, en ese momento era el principal negociador iraní. Luego de que fracasaran las negociaciones, la República Islámica aumentó su producción de centrifugadoras, que pasaron de menos de 200 hasta las 20.000 instaladas actualmente. También construyó cerca de 16.000 libras de gas uranio enriquecido, y aumentó el trabajo en el reactor de agua pesada en Arak, que abre las puertas para la futura fabricación de una bomba de plutonio.

No hay ninguna duda de que Irán posee la capacidad de construir centrifugadoras atómicas, incluso a pesar de las sanciones internacionales que intenta sabotear su capacidad. Entre noviembre de 2012 y noviembre de 2013, cuando todas las sanciones internacionales contra Irán estaban activas, el país persa instaló 6.000 centrifugadoras nuevas. El programa iraní ha crecido con el correr de los años con ciencia y tecnología nativas y ningún apoyo masivo en extranjeros.

De regreso al tema inicial, la idea de que China, Rusia y la Unión Europea van a mantener sanciones contra Irán si Washington rechazara un acuerdo que negociaron concienzudamente y aceptan plenamente es una exageración. China está desesperada por comprar el petróleo descontado de Irán. Rusia ya está negociando para venderle tecnología de energía nuclear y maquinaria. Y el Ministro de Asuntos Exteriores francés ha programado un viaje a Teherán para la próxima semana, para hacer lo que los diplomáticos de ese país siempre hacen: promocionar los intereses empresariales franceses.

No sobra recordar que cuando la administración Obama estaba elaborando la última ronda de sanciones de las Naciones Unidas contra Irán, varios republicanos rechazaron el esfuerzo. En un artículo de opinión publicado en agosto de 2009 en el diario Wall Street Journal titulado Las sanciones contra Irán no funcionarán, John Bolton, quien trabajo como representante permanente de la administración Bush ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU), alegó que los otros grandes poderes nunca estarían de acuerdo con tales sanciones, y que si lo hicieran, de todas formas no cambiaría el comportamiento de Irán. En el presente, los republicanos dicen que estas sanciones serían maravillosamente efectivas si solamente la administración las sostuviese indefinidamente.

La razón principal por la cual las sanciones han sido tan efectivas, más de lo que esperan los críticos, es que son comprensibles. Las sanciones defectuosas, especialmente cuando las sanciones se encuentran en países más grandes como China, Rusia e India son inútiles, tal vez incluso contraproducentes. No causan mucho daño en el régimen y en realidad benefician a los sectores de línea dura, que controlan las pocas puertas de entrada dentro y fuera de la economía.

Hay una diferencia muy grande entre Estados Unidos y el resto del mundo respecto a la percepción de las sanciones contra Irán. Para muchos estadounidenses, las sanciones son una suerte de mecanismo para castigar a un régimen maligno. Sin embargo, para la mayoría de la población de otros países involucrados, las sanciones fueron promulgadas con el propósito específico de atraer a Irán a la mesa de negociación.

Estos países no permitirían que las sanciones se convirtieran en un mecanismo para estrangular al país persa. Todos tienen relaciones con la República Islámica y han sostenido relaciones comerciales libremente con esta nación hasta 2012, y hoy intentan reanudar y expandir dichos lazos.

Finalmente, algunos que están en contra del acuerdo creen que Estados Unidos simplemente debería mantenerse firme e Irán cederá o se derrumbará. Cualquiera que haya tratado con los iraníes sabe que son personas orgullosas y nacionalistas. La República Islámica ha enfrentado tres décadas de sanciones impuestas por Estados Unidos, una guerra de nueve años contra Irak (en la cual Sadam Hussein utilizó armas químicas contra los iraníes) y otras presiones internacionales. Si la pequeña Cuba y Corea del Norte no han cedido después de décadas de un aislamiento mucho mayor, es difícil imaginar que Irán lo haga.

En cuanto a la creencia de que la República Islámica pronto se derrumbará, hay poca evidencia de esta esperanza. Más importante todavía, sabemos que un Irán más democrático seguramente todavía apoyaría un programa nuclear. De hecho, el líder del movimiento de izquierda, el Sr. Hossein Mousavi, argumentó que el presidente Mahmoud Ahmadinejad estaba realizando demasiadas concesiones a Occidente, respecto a los derechos nucleares de Irán.

Los críticos de Obama dicen que él está apostando que Irán accederá al acuerdo. De hecho, la administración está realizando una apuesta calculada de que Irán se va a restringir en su avance nuclear por la presión internacional, inspecciones indiscretas, mecanismos de verificación y el prospecto de sanciones snapback. Los opositores al acuerdo han evocado un escenario fantasioso en el cual el mundo firmará más sanciones, Teherán retornará dócilmente a la mesa con nuevas concesiones, o tal vez la República Islámica implosione y sus sucesores denuncien y desmantelen el programa nuclear. Apostar por este escenario significa arriesgarse peligrosa y ambiciosamente, con muy poca evidencia que sustente esta posición.

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