Columnistas

El verso nos hizo gente

La música es la voz y poesía es la palabra (...). La palabra entiende. El verso trasciende

La Razón (Edición Impresa) / Jorge Mansilla Torres

00:47 / 07 de octubre de 2015

La música es la voz y poesía es la palabra. El sonido consagró a la música, porque la palabra civilizó a la voz. En el principio fue el verbo, pero lograr que la palabra se asiente en la voz modulada por acción del verso nos hizo responsables armónicos de la vida. La palabra entiende. El verso trasciende.

El instinto nos proveyó de lenguaje por reglas de la biología. Falto de un idioma, el hombre dio a comunicar su emoción y necesidades con sonidos, señas y gestos, con onomatopeyas. El amor carnal fue tal vez el primer impulso para musicalizar la palabra ante el cuerpo deseado. Diría que el vaivén erótico de la pareja creó la ondulación de la voz en el verso. Ahorita se me ocurre pensar qué música viene de musa. Igual, la angustia ante la muerte habrá forzado al hombre a inventar un lenguaje de urgencias, aparte del llanto que traemos de nacimiento; la gramática generativa de la que habla Noam Chomsky.

En la antigua Grecia todo se escribía en verso, aun las leyes. En el mundo de nieve y silencio en el que viven, los esquimales se obligan a componer versos. Charles de Foucauld asentó que los tuaregs se reúnen en torno a la fogata y recitan gustosos sus poemas forjados durante el día. “Podemos oír el alma”, dicen los motilones que andan desnudos en la selva colombiana. Los nahuas creían que sus dioses no les oían si no se les hablaba con frases breves y sonoras. La palabra se escucha. La música se oye.

Música y versos vienen del sueño, dicen los indios yumas y sioux para prestigiar el acto de dormir. En las islas Fiji juran que sus cánticos son poemas legados por sus ánimas. Ante poetas reunidos en Chapultepec, en 1984, Ernesto Cardenal nos dijo que los miskitos solo cantan lo que sus ascetas, y no otros, componen. Eduardo Galeano escribió que el vocablo guaraní ñeñe significa palabra apegada al alma. Quién miente, destroza el alma. Para los amazónicos, la música es un eco feliz de Tumpa, su dios forestal. Ellos creen que de ciertos árboles fluyen frases que, de tan bellas y sinceras, se quedan flotando en la brisa para que los enamorados las aprehendan. De los altos idiomas andinos deduje que el quechua es para el canto y el aymara, para el cuento.

La danza es el cuerpo que piensa, el canto es la voz del alma y la pintura, el espíritu que mira. Cuando al fin fue sonoro, culto y terso, logró el verbo la majestad del verso. Somos por la palabra, por el espíritu y no solo por el cuerpo. Nuestros pueblos dirimen sus pleitos trascendentales y caseros en los juzgados, las camas y los negocios, diciéndose: faltaste a tu palabra, dame tu palabra, cumple tu palabra, crea en mi palabra... Pero, vamos, la palabra hace a las personas y el verso, a las buenas gentes. Porque, en fin, como fue en el principio, la palabra será la única prueba palpa-hable de la existencia del hombre en la tierra, cuando ya no haya Tierra.

Etiquetas

Ediciones anteriores

Lun Mar Mie Jue Vie Sab Dom
1 2 3 4 5 6
7 8 9 10 11 12 13
21 22 23 24 25 26 27
28 29 30 31

Suplementos

Colinas de Santa Rita, Alto Auquisamaña (Zona Sur) - La Paz, Bolivia