Columnistas

Las víctimas de la democracia

¿Sabía usted que Juana sufrió abusos físicos y verbales por parte de sus colegas en el Concejo?

La Razón / Pablo Rossell Arce

01:28 / 22 de marzo de 2012

Hace algunos días se dio el hallazgo del cadáver de Juana Quispe, concejala del Gobierno Municipal de Ancoraimes e integrante de la Federación Departamental de Mujeres Campesinas Indígenas y Originarias de La Paz Bartolina Sisa. A diferencia de otros casos más notables (de políticos varones, o de celebridades internacionales, por ejemplo), ni las organizaciones ni la opinión pública parecen haberse conmocionado.

¿Sabía usted que, a pesar de haber sido elegida por voto popular, Juana estuvo impedida de ejercer su cargo durante más de un año por presiones políticas? ¿Sabía usted que Juana inició y finalmente ganó un amparo constitucional para ser restituida en su cargo? ¿Sabía usted que Juana sufrió permanentemente abusos físicos y verbales por parte de sus colegas en el Concejo? ¿Sabía usted que Juana gestó personalmente el proyecto de Ley contra el acoso y violencia política de género? ¿Sabía usted que, al igual que en el caso de Juana, el 21% de los hechos de violencia política se refieren a agresiones físicas, verbales y sexuales? Todos estos datos están publicados en prensa.

Lo que no sabemos es el esfuerzo que tuvo que hacer Juana para nivelar sus conocimientos con los de sus compañeros varones que eventualmente tuvieron mayores oportunidades de escolaridad y de capacitación (en el municipio de San Roque se le descontó el 10% de sus honorarios a una concejala que asistió a un curso de Acobol). Lo que tampoco sabemos es el costo personal en el que incurrió Juana al enfrentar a las tradiciones familiares y sociales que definen que la vida política en público no es para las mujeres.

Dudo que tampoco sepamos nunca qué barreras tuvo que enfrentar Juana en su propio partido, para surgir como autoridad. En todo caso, sabemos que la práctica del acoso político está presente en Bolivia y que sus efectos son de considerable severidad. Pese a ello, aún no se cuenta con una ley en contra del acoso político.

También sabemos que el acoso político es una práctica común. Tan común que parece parte del paisaje folklórico y cultural de nuestro país, igual que beber en las calles. Sólo que beber en las calles sí es noticia, llena la agenda pública, genera debate social y motiva el compromiso de las autoridades. El acoso político a las mujeres, no.

Hay mucho que avanzar para que en este país quepamos todas(os). No es suficiente con decir que vamos a generar condiciones de equidad; no es suficiente con chorrear dinero para políticas sociales. La mitad de nuestra dirigencia política vive en riesgo; ¿no merece esto una movilización nacional hasta las últimas consecuencias?

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