Columnistas

Que la vida es un Carnaval…

El espíritu carnavalesco ciertamente ha tomado el país desde hace ya mucho tiempo

La Razón (Edición Impresa) / Verónica Córdova

00:00 / 15 de febrero de 2015

De todos los feriados, el Carnaval debe ser el más sonado que tenemos en Bolivia. El jolgorio colectivo comienza el Jueves de Compadres, diez días antes de la “entrada” del sábado, y a partir del Jueves de Comadres no hay quién nos pare hasta el ch’aki del miércoles. Y eso: en Oruro el primer convite fue en noviembre pasado; en Santa Cruz, la primera precarnavalera fue pasadito el Año Nuevo; y en La Paz, se desenterró al pepino antes de que llegue el Ekeko.

Del Carnaval se dice que es la fiesta más liberadora del año: que subvierte jerarquías, que nivela clases sociales, que transgrede reglas y que pone el mundo boca abajo. Si es así, el espíritu carnavalesco realmente ha tomado el país desde hace ya mucho tiempo. He aquí algunos (pocos) ejemplos.

Primerita: la semana pasada un grupo de activistas convocó a una marcha “a favor de Los Simpsons y en contra de Calle 7”. Así como suena. La red Unitel fue cercada por decenas de manifestantes disfrazados de Homero, furiosos porque la cadena de televisión reemplazó en su horario de la tarde el famoso programa de animación gringo por la franquicia local de un programa chileno. Debido al éxito de esta iniciativa, se organiza ahora una nueva marcha para saber, de una buena vez, quién mató a la llamita blanca.

Segundita: como parte de sus estrategias de prevención de embarazos no deseados y de enfermedades de transmisión sexual, la Alcaldía de Sucre repartió preservativos a la ciudadanía. Al abrir la cajita, sin embargo, en lugar del esperado condón el ciudadano se encuentra con un mensaje de la Biblia. Si un joven nos pide un condón —dice la responsable de esta campaña— es nuestra responsabilidad darle un consejo. Así como suena. Confiada en el éxito de esta iniciativa, el Gobierno Municipal  de Sucre prepara, para dentro de nueve meses, una gran ceremonia de bautismo colectivo.

Y vamos con la tercera: debido a las continuas denuncias de “robo” de nuestro patrimonio por parte de chilenos y peruanos, la Federación de Músicos de Oruro instruyó a las bandas que se identifiquen como bolivianas cuando salgan a tocar en países vecinos. Por su lado, la Federación Regional de Folklore y Cultura de Puno prohibió que las bandas que lleguen a tocar en la fiesta de la Candelaria se identifiquen como bolivianas. En el medio de esa paradoja, a la Banda Intercontinental Poopó se le acusa de haber eliminado el nombre de Bolivia de sus instrumentos y, para colmo, haber gritado “Viva Puno, lo mejor del mundo”. Así como suena.

Ahora, la orureñidad prepara severos castigos. No se descarta procesar por traición a la patria a sus músicos, como se pretendió hacer con Milena Fernández y Alejandro Salazar —¿y tal vez conmigo por escribir esta columna?—.

Aro, aro, aro… en el corso paceño de este año está prohibido disfrazarse de mujer fachosa, ya que es una alegoría que atenta contra la dignidad de nosotras, las féminas. ¿Y qué me dicen del pepino-chorizo-sin calzón, que ataca a las féminas con un falo de tela? ¿Y qué dicen del ch’uta con sus dos cholas? Vamos señores, el Carnaval es la fiesta de la insolencia, donde lo políticamente correcto sobra. Nos relajaremos por unos días, ya que de todas formas en Bolivia el Carnaval continúa después del Miércoles de Ceniza.

Es cineasta.

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