Columnistas

Contra la violencia sexual como arma de guerra

La violación se comete porque puede ocultarse fácilmente, y castiga a las personas más vulnerables

La Razón / Wlliam Hague y Angelina Jolie

00:00 / 22 de septiembre de 2013

Cada día llegan al resto del mundo noticias sobre horrendos crímenes perpetrados en Siria. Ahora la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirma que se está recurriendo a la violación para aterrorizar y castigar a mujeres, hombres y niños durante los interrogatorios y registros a las viviendas, en los puestos de control y en centros de detención y cárceles de todo el país.

El más reciente y desgarrador informe de la Comisión de Investigación de la ONU da cuenta de una madre que fue violada y obligada a cocinar y limpiar para sus captores bajo amenaza de que, en caso de rehusarse, sus hijos serían asesinados. También cita el caso de una estudiante universitaria que fue violada porque su hermano era buscado por el Gobierno sirio. Estos dos casos son apenas la punta del iceberg. El temor, la vergüenza y la simple lucha por sobrevivir hacen que muchas de las víctimas no se atrevan a denunciar estos hechos.

La violencia sexual ha sido utilizada como arma de guerra en casi todos los conflictos principales de nuestro tiempo, desde Bosnia hasta Ruanda. Nos referimos a la violación utilizada intencionalmente como táctica militar, con el propósito de alcanzar objetivos políticos: humillar al adversario político, expulsar o sojuzgar a otro grupo étnico, o aterrorizar a una comunidad para lograr su sometimiento. En algunos conflictos se usa incluso para infectar a mujeres con el VIH, o para lesionarlas de tal manera que queden imposibilitadas de tener hijos. 

La violación se comete porque puede ocultarse fácilmente, y castiga a las personas más vulnerables. Cuando visitamos la República Democrática del Congo, conocimos a una mujer cuya hija de cinco años había sido violada. La niña es demasiado pequeña para hacer oír su voz, pero su padecimiento y el de millones de otras víctimas en todo el mundo deberían obrar para nosotros como un llamado a la acción.

El mundo ha ideado tratados para proscribir a escala global el uso de municiones en racimo y minas terrestres y para reducir el comercio de armas ilícitas. Todos estos acuerdos fueron considerados imposibles de lograr en algún momento. Todos ellos nacieron de una fuerte indignación moral y provocaron la acción global. Es hora de que adoptemos la misma postura con respecto a la violación y la violencia sexual en zonas de conflicto armado.

El nudo del problema es una arraigada cultura de impunidad que hace que en un país determinado haya decenas de miles de violaciones pero sólo un puñado de casos sea llevado a la justicia. Los hombres que violan a prisioneros en un centro de detención sirio creen que quedarán impunes porque así lo indica la historia. Otro factor de peso es la falta de apoyo a largo plazo para los sobrevivientes, quienes deben hacer frente a toda una vida de rechazo, enfermedades y traumas que se suman al sufrimiento padecido a manos de su abusador. 

Nos hemos unido para hacer campaña en este tema, porque ambos hemos visto la forma en que la violencia sexual destruye la vida de los sobrevivientes y sus familiares. Queremos generar una mayor conciencia de la urgente necesidad de actuar. Y hacemos un llamado a los gobiernos del mundo para que se unan y se fijen como prioridad fundamental el objetivo de erradicar la violación en zonas de conflicto armado. 

Comenzamos con esta iniciativa el año pasado, y estamos agradecidos a muchos países por la forma en que respondieron. En la ciudad de Londres el pasado abril, el G8, del cual nuestros dos países son miembros (el Reino Unido y Estados Unidos), asumieron el histórico compromiso de abordar el problema. En junio, el Consejo de Seguridad de la ONU adoptó de manera unánime una resolución que reforzaba las capacidades de las Naciones Unidas para combatir este flagelo. 45 miembros de la ONU demostraron su apoyo copatrocinando la resolución, hecho que marca un récord en la historia reciente.

La próxima semana se reúne en Nueva York la Asamblea General en lo que representa la más numerosa congregación anual de líderes mundiales.

Durante su transcurso, el 24 de septiembre se presentará una nueva “Declaración de compromisos para poner fin a la violencia sexual en conflictos armados”, la cual ha sido acordada con la Representante Especial del Secretario General para Asuntos de Violencia Sexual y una docena de países de Oriente Medio, Europa, África y Asia,  cuyos líderes se ofrecieron valientemente a promover esta causa junto a nosotros. La declaración brindará a todos los países del mundo la oportunidad de demostrar cuál es su postura frente a este tema. Los países que la respalden acordarán, por primera vez, que los hechos graves de violencia sexual en conflictos armados son claramente violatorios de las Convenciones de Ginebra y el Protocolo Adicional I. Esto significa que todos los sospechosos podrán ser detenidos en cualquier parte del mundo en que se encuentren.

La declaración incluye el compromiso de no permitir que los responsables de violencia sexual sean amnistiados en acuerdos de paz, a fin de que estos delitos no puedan seguir ocultándose bajo la alfombra, y los líderes militares entiendan que los culpables deberán responder ante la justicia.  

La declaración promete la firma de un nuevo protocolo internacional para mediados de 2014, dirigido a lograr que las pruebas recogidas sean admisibles ante los tribunales y más sobrevivientes vean realizado su deseo de justicia, y que la seguridad y dignidad de las víctimas sean parte fundamental de las investigaciones de violaciones y demás delitos sexuales en zonas de conflicto armado.

La declaración también incluye disposiciones sobre participación de la mujer, la protección de refugiados, el entrenamiento de fuerzas armadas y policía nacionales.  Y sus signatarios se comprometerán a otorgar máxima prioridad a la protección contra la violencia sexual en el marco de su labor humanitaria, y a contribuir a fortalecer las capacidades de los países que mayores riesgos enfrenten de padecerla. 

Creemos que éstas son medidas que todos los miembros de la comunidad internacional deberían estar en condiciones de apoyar. Por eso esperamos que la mayoría de los gobiernos del mundo firmen este convenio, y que juntos podamos trabajar con el objetivo de llevar nuestros compromisos a la práctica. Si lo logramos, podría generarse un cambio decisivo en la actitud internacional frente a la violación y la violencia sexual y en definitiva, podría significar el principio del fin de la impunidad. 

Existen muchas otras injusticias que el mundo debe combatir. Pero la violación y el abuso de cientos de miles de mujeres, hombres y niños ya no pueden ser tolerados. Esperamos que personas de todo el mundo nos acompañen en esta causa.

Es ministro de Relaciones Exteriores del Reino Unido;

Es enviada Especial del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR).

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