Columnistas

Está viva

Quienes tienen la dicha detrás de un micrófono actualícenla con la nueva tecnología

La Razón (Edición Impresa) / Lucía Sauma

00:12 / 16 de febrero de 2017

Varias veces en la historia fue condenada a muerte, fue arrinconada, menospreciada y sin embargo permanece viva, haciendo que el rojo se vea como la sangre, el azul como el mar, que se viaje en una nave espacial sin ser astronauta, o recrear los viajes de Colón en pleno siglo XXI, es la radio con su mayor poder: la imaginación. Se hace radio imaginando para hacer imaginar. Con muy pocos elementos, la voz, la música y los sonidos, se puede armar la guerra y recuperar la paz.

Para hacer buena radio también hay que ser oportuno y estar en el lugar donde suceden los hechos, ser testigo de la cotidianidad que se da en las calles, donde se hace la vida, entrar en las casas donde la gente ve crecer a sus hijos, se ama y se enoja, entrar en los hospitales, en las cárceles, en los aeropuertos y en las terminales donde las personas se reencuentran o se despiden. En las escuelas para escuchar a los estudiantes y a los maestros, pero también a los porteros y al heladero o la dulcera que desde las puertas, son testigos del tiempo.

Paso el dial y con tristeza compruebo que la radio ya no cuenta historias, que está copada por los agoreros del fin del mundo, los que con voz casi siempre falsamente llorosa y evidentemente confusa, hablan de un dios que prohíbe todo y cobra todo en efectivo. También están las que se creen muy desenfadadas llenando sus espacios con improperios para subir en una medición de audiencia fantasma. Están las radios que se dicen muy participativas y tecnológicas porque sus computadoras se llenan de mensajes que terminan siendo tristes simulacros de una conversación sin rumbo. Hay otras que producen pena y desazón por la cantidad de equivocaciones, desatinos, precariedad con la que se atreven a ponerse frente a un micrófono.

Los fundamentalismos, sean religiosos o políticos, la ignorancia, la flojera o el facilismo postergan a la radio, la inutilizan como un verdadero medio de comunicación con vocación para la educación formal e informal. Por ejemplo, la radio alfabetizó en la lectura y escritura de idiomas indígenas y también enseñó a preparar las sales hidratantes que salvaron la vida de miles de niños. Con muy pocos recursos la radio informa desde el lugar de los hechos, inundaciones o deslizamientos, fiestas de los barrios, dedicatorias de enamorados.

Quienes tienen la dicha de estar detrás de un micrófono actualícenla con la nueva tecnología. Inventen verdaderas formas de participación, desafíen su imaginación, cuenten historias, sirvan a la gente llevándole el mundo allí donde esté, elaboren las noticias con lenguaje auditivo, elijan buena música, presten atención a la letra de las canciones. Recuerden (¡Entérense!) la radio está viva.

* es periodista.

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