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¡A vivir mil años (y ser felices)!

Evaguelia cree que su longevidad está en los genes, pero los científicos lo han descartado

La Razón (Edición Impresa) / Alejandro A. Tagliavini

01:45 / 20 de abril de 2015

Salida de la mitología griega, entre cupidos, ángeles y dioses en Ikaría, de 10.000 habitantes y a 50 kilómetros de Turquía, cayó Ícaro cuando se le derritieron las alas de cera, tras intentar alcanzar el sol. La longevidad, en esta pequeña isla griega del mar Egeo, ha sido estudiada por científicos de la Universidad de Atenas y por el grupo dirigido por Dan Buettner, que lleva desde 2004 buscando lugares del mundo donde la gente vive más y mejor. Son las “zonas azules” que, además, incluyen a una comunidad en Loma Linda (California), en Cerdeña (Italia), Okinawa (Japón) y Nicoya (Costa Rica).

Los pobladores de Ikaría viven diez años más que la media de los europeos occidentales y estadounidenses, tienen 2,5 más posibilidades de llegar a los 90 años (edad que alcanzan un tercio de sus habitantes) que la media europea y, además, con mejor salud. Tienen por ejemplo solo un quinto de posibilidades de desarrollar demencia senil o Alzheimer con respecto a los norteamericanos. Pero Evaguelia Karnava, casi centenaria, perdió dos hijos por falta de alimentos durante la ocupación ítalo alemana.

Se diría que lo único que ha violado la armonía de esta isla es la guerra, la violencia. Hablando de guerras, incluso menos que en Irak, se vive solo 54 años en Calton, al este de Glasgow. La droga, el alcohol, la mala dieta, la desocupación y la depresión adelantan la muerte. “No hay trabajo... y así seguiremos siendo borrachos, adictos y abusadores”, afirma un ciudadano, mientras sus ojos se nublan con lágrimas recordando el fracaso de su relación de siete años, y cómo acabó viviendo en la calle. “Necesito algo que me dé esperanza”, asegura.

Ahora, ¿por qué existe desocupación si naturalmente hay tanto por hacer: casas, hospitales, escuelas? Pues porque el Estado lo impide, utilizando el monopolio de la violencia —otra vez la violencia que siempre destruye— que impone “leyes” laborales que provocan artificialmente el desempleo, como la del salario mínimo, que prohíbe que trabajen los que ganarían menos. La misma violencia estatal que ha iniciado la guerra contra las drogas criminalizando a los ciudadanos. Y, de paso, aclaremos que el estrés por el intenso tránsito se debe al pésimo diseño estatal de las urbes.

Evaguelia cree que su longevidad está en los genes, pero los científicos lo han descartado. En cambio, han descubierto otros factores detrás de su longevidad: una dieta rica en aceite de oliva y vegetales (con diez veces más antioxidantes que el vino tinto), con pocos lácteos (salvo los de cabra) y productos cárnicos, poca azúcar refinada y frutas y hortalizas sin pesticidas. Además, han pasado toda su vida trabajando: el 84% de los hombres y el 70% de las mujeres mayores de 80 años son aún activos. El ejercicio físico es también primordial, siendo la principal actividad caminar. El 80% de los hombres de entre 65 y 100 años dicen tener sexo regularmente. Y, por cierto, nada de estrés y saber festejar y disfrutar.

En fin, es hora de terminar con el paradigma según el cual la autoridad, para ser tal, debe tener poder de coacción (así los Estados modernos basan su “poder” en el monopolio de la violencia territorial) para dar lugar a la verdadera autoridad, la moral, el liderazgo por influencia; ya que al ser la violencia contraria al orden natural, según ya sabía los filósofos griegos anteriores a Cristo, destruye a la vida, mientras que amar —y ser feliz— es exactamente lo opuesto: luchar por la vida.  

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