Columnistas

Muchos vivos en el Día de Difuntos

La Razón Digital / A fuego lento - Edgar Arandia

00:00 / 29 de octubre de 2017

La costumbre popular considera las festividades litúrgicas católicas del 1 y 2 de noviembre como un solo acontecimiento. Todos Santos es una conmemoración católica que tenía como propósito contrarrestar las celebraciones celtas al cambio de estación. Todos los rasgos terroríficos tienen que ver con la creencia de que en el intersticio del paso del otoño al invierno se aparecían las almas en pena. Ahora este mundo de espectros es un gran negocio llamado Halloween. Por supuesto, son los vivos los que más lo aprovechan, inventándose espectáculos musicales, teatrales y gastronómicos, para una indefensa población que se emboba con el bombardeo publicitario.

Halloween fue posteriormente cargado hasta Norteamérica por los escoceses e irlandeses, y se acomodó a la cultura de los emigrantes que poblaron este continente, entre ellos la familia de Donald Trump. Su influencia es tal en un segmento de la población de La Paz-Chukiwayu Marka que la Subalcaldía de la zona Sur ha planificado la interrupción del tráfico para facilitar el desfile de los niños. Estos, ataviados y maquillados con productos chinos, lucirán sus disfraces que se expenden en los supermercados.

Mientras en el otro frente, Chukiyawu Marka, la celebración del Día de Difuntos, que tiene antecedentes prehispánicos, será distinta. Guamán Poma de Ayla alude al mes de noviembre como Aya markay quilla o la iesta de los difuntos: “Sacan a los difuntos de sus bóvedas que llaman pucullo y le dan de comer y beber, y le visten de sus vestidos ricos, y le ponen plumas en la cabeza, y cantan y danzan con ellos, y le ponen unas andas y andan con ellas de casa en casa y después tornan a meterlos en sus pucullos dándole sus comidas y vajilla al principal en plata y oro y al pobre en barro; y le dan sus carneros y ropa con ellas y gastan en esta fiesta muy mucho” (sic).

Van den Berg acota que “estas estructuras rituales son proyecciones del comportamiento social. Uno de los fenómenos culturales más característicos de los Andes, que se hace evidente en este tipo de festividades, es la cooperación mutua que se realiza con base en el principio de reciprocidad”. Esta costumbre explica que las mesas rituales, que a veces se arman de tres pisos para representar los tres mundos de las culturas originarias, estén rebozadas de alimentos, los favoritos del finado, y cuando los risiris culminan sus rogativas, deben comer dualmente, con el estómago simbólico del ausente.

En las regiones de La Paz se manifiestan de distintas formas rituales; por ejemplo en Quime, región minera donde la conformación poblacional criolla mestiza tiene una presencia importante. Los pobladores acostumbran realizar representaciones escénicas en los que se satiriza los matrimonios católicos, en los que participan personajes ficticios como curas, monaguillos y hasta novios.

La preparación de masitas para despachar a las almas o ajayus tiene su antecedente en las comilonas que se ofrendaban a los ancestros momificados. Se comparte entre compadres masitas con diferentes formas simbólicas, y platos de la gastronomía boliviana, a cual más suculenta. Un verdadero banquete que se come con las almas que deben partir ahítas y contentas para seguir cuidando y ayudando a sus familias. Este movimiento cultural también ha generado actividad económica, pero con el no disimulado temor por parte de los panificadores, que pronto harán al por mayor th’antaguaguas con una etiqueta que marque su origen: made in China.

Esta conmemoración a los difuntos tiene su continuación con el recuerdo de las almas olvidadas, ñatitas o calaveras, en la octava de noviembre; ritual para esperar el Jallu Pacha y el inicio de la preparación del Anata. Este ritual, señalado como herejía por las iglesias Católica y Evangélica, continúa como parte de la extirpación de las idolatrías (1565) hasta la fecha.

También esta fecha se recuerda la Masacre de Todos Santos, ejecutada por Natusch Bush y Guillermo Bedregal. Este último, pese a estar en proceso de convertirse en un t’hanta achachi, juega tenis y sigue recibiendo su jugosa pensión sin que haya purgado un solo día en la cárcel por estos actos criminales que nunca fueron juzgados. Otro vivo en el Día de Difuntos.

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