Columnistas

El voto interpelatorio

La Razón / Rubén D. Atahuichi López

00:00 / 09 de octubre de 2012

Creo que, como nunca, buena parte de los políticos, periodistas y líderes de opinión del país estuvo el domingo pendiente de lo que ocurría en Venezuela. Unos, festejando por adelantado la “victoria” de Henrique Capriles; y otros, haciendo “jallallas” por Hugo Chávez, aunque con cierta moderación…

Al margen de especular con los resultados, los comentarios en las redes sociales centraron su interés en la eventual incidencia de los comicios venezolanos en Bolivia: si ganaba Capriles, implicaba un remezón político no sólo en la región, sino en Bolivia, por el vínculo directo del gobierno de Evo Morales con el de Chávez. No fue así, y aparentemente las cosas siguen igual que antes. Sin embargo, encuentro en ese acontecimiento algunas lecciones, que bien podrían mascullarlas políticos de derecha e izquierda, de oposición y oficialismo.

La irrupción de Capriles en la disputa presidencial, originada en un consenso llamado Mesa de Unidad Democrática, implicó un esfuerzo extremo y una iniciativa interesante de sectores conservadores, que evitó la dispersión de las adherencias electorales y, como se ha visto, ahondó la polarización política. En Bolivia, Samuel Doria Medina copió la idea y quiso transmitirla sin éxito en otras fuerzas políticas. Su intento derivó en un pequeño acuerdo (el diputado Fabián Yaksic lo bautizó como “pegacoalición”) para las elecciones del Beni, con Rubén Costas, de Verdad y Democracia Social (Verdes); Ernesto Suárez, de Primero el Beni; Óscar Ortiz, de Consenso Popular, y Jhonny Tórrez, del Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR).

En este caso, veo difícil un pacto mayor con miras a las elecciones generales de 2014, considerando que la oposición del Movimiento Al Socialismo (MAS), la fuerza hegemónica del país, no encuentra una idea centrípeta que le ayude a agruparse; al menos dos de sus líderes buscan esa alianza en torno a sus nombres, a diferencia de Capriles, salido de una iniciativa común. A esa deficiencia, hay que añadirle la desubicación ideológica, la ausencia de visión de país (acorde a los nuevos tiempos) y una actuación coyuntural distraída en asuntos triviales. Quizás el Movimiento Sin Miedo (MSM), ahora en ese bando, tenga mejor posición.

De todos modos, Capriles —dícese de centro-izquierda— ha conseguido posicionarse mejor que los otros contendores de Chávez. Su actuación electoral resultó ser, al final de cuentas, una interpelación al gobierno de Venezuela, que mantendrá un nombre y una sola visión de país por lo menos hasta 2019. Pero, por lo cerrada que aparentemente se mostraba la proyección de los resultados antes de los comicios del domingo, los que han debido sufrir esa situación son el presidente Evo Morales, su gobierno y el MAS, tomando en cuenta su relación con Chávez y su gobierno. Cualquier resultado adverso habría removido sus ínfulas. Claro, la victoria del líder venezolano los ha arropado bien.

Sin embargo, aquéllos deberían sentirse tocados por los resultados de Venezuela. Si bien pueden ser “tensiones creativas” (como gusta decir el vicepresidente Álvaro García Linera) los conflictos, las marchas indígenas, Colquiri y Mallku Khota, al menos, ya son una interpelación a su política y su actitud. Es decir, si lo de Venezuela fue interpelatorio a Chávez, 2014 puede serlo también para Morales, su gobierno y el MAS, aunque es poco previsible que su oposición se reinvente y se junte.

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